TESTIGO


sirio2

Las hojas densas lo ocultaban de cualquier mirada. Tenía que tener cuidado porque no sabía qué podría encontrar entre las plantas.

De pronto, dos seres aparecieron y totalmente confiados, se acercaron a un árbol. La hembra cogió un fruto grande y rojo, ofreciéndoselo al macho. Él negó con la cabeza; ella se llevó el fruto a la boca y mordió. Volvió a ofrecer, mascando satisfecha. Él aceptó y dio un mordisco. De pronto se miraron y algo sucedió, porque ambos se taparon con las manos la entrepierna y corrieron perdiéndose entre las plantas.

Decidió que mejor era irse. Subió al vehículo y en un instante se convirtió en un punto de luz en el cielo.

Ellos, de entre las plantas vieron encenderse, en cielo que se ponía oscuro, una estrella.