LAS COLECCIONES


247H

Cuando era chico, coleccionaba figuritas en álbumes hechos especialmente para eso. Fueron colecciones de los más variados temas. Se compraban los sobrecitos, que traían dos o cuatro figuras numeradas y se colocaban pegándolas con goma transparente que venía en unos pomitos de vidrio, que traían un aplicador de jebe rojo en la parte de arriba (como tapa). “Yala” o “¡Nola!” era lo que se decía al abrir los sobres y encontrar figuritas que ya se tenían “repetidas”) o nuevas.
Prometían premios a los que llenaran los álbumes y los canjearan, pero el chiste era conservar el álbum completo y mostrarlo orgullosamente en el colegio. Supongo que habría también un sistema de cupones y sorteos, pero no lo recuerdo bien. Lo que sí tengo en la memoria son los canjes de figuras que hacíamos, privilegiando las “difíciles”, las cuales podían valer varias figuras o en algunos casos mercantilistas puros, unas monedas. Completé varios álbumes y otros quedaron con los huecos de figuritas sin tener. Banderas del mundo, futbolistas, estrellas de cine, autos y muchísimos más eran los temas. Recuerdo especialmente uno de “Ben Hur” (el de Charlton Heston) con figuritas que eran fotogramas de la película y otro que estaba dedicado a la cinta “Los 10 Mandamientos” de Cecil B. de Mille.
Mucho tiempo después, mi afición fumatoria me llevó a ir teniendo diversas pipas y con los años reuní una parafernalia de adminículos para limpiar, descarbonizar y proteger del viento a las pipas y cerca de 300 de ellas. Me explico: fumaba alrededor de siete pipas al día o más, dependiendo de lo que durara fumar en cada una; pero nunca usaba la misma pipa dos veces en un día, porque la humedad que se produce al fumar, hace que la pipa no queme bien el tabaco y el sabor tampoco es el mejor. Es así que fui consiguiéndolas, compradas u obsequiadas.
Las tuve holandesas de porcelana, norteamericanas de coronta de maíz, italianas marca Savinelli, inglesas Dunhill, danesas, alguna francesa, y nacionales de muy mala factura, malfumadas una vez y abandonadas. De ellas, que se fueron yendo con los años, solo me queda una, nacional, cuya cazoleta es una cabeza de toro; creo fue la primera y la guardo más que por valor, por nostalgia. A mi nieta mayor le regalé, para decoración, unas doce; un contenedor – parante de madera de teca para seis y un mueblecito para exhibir otras seis, que tiene un cajón para guardar, fósforos, limpiadores y otras chucherías conexas.
En paralelo, empecé a coleccionar búhos. Eso sí, regalados. Llegué a tener más de ciento cincuenta de todos los tipos, materiales y provenientes de distintos países. Me quedan pocos, porque las mudanzas sucesivas y la progresiva falta de espacio, los han ido haciendo desaparecer. Sin embargo, guardo la primera figura que me regalaron. Fue Mimi Sano en Brasil.
La figura es una pieza de acrílico, muy moderna y la consiguió durante una reunión de JWT (el símbolo de la agencia es o era un búho, que representa a la inteligencia). La hermosa pieza de acrílico es en realidad una… ¡lechuza!, porque tiene la cabeza perfectamente redondeada y para ser búho le falta tener las “orejitas” características. ¡Es tan hermosa!
Cuando era chico, también coleccioné barcos y autos para armar y personajes también armables, que pintaba minuciosamente; sin embargo el material plástico del que estaban hechos no resistió caídas y limpiezas a plumerazos.
Claro que también guardé chistes (revistas de muñequitos) de Editorial Novaro, pero sin rigurosidad coleccionística; y tuvimos unos “Pingüino”, que eran el antepasado chileno de Playboy y conservábamos en el club que había en casa (los quemamos después, arrepentidos, en la terraza “de abajo”, en una pira expiadora de concupiscencias casi adolescentes).
Mi último recuerdo es sobre lo que quizá inconscientemente, marcó mi camino profesional: cuando chico, recortaba los avisos que me llamaban la atención y eran mi orgullo los de las revistas argentinas “Leoplan”, “Chabela” y “Maribel” que “robaba” a mi madre y me regalaban mis tías, sus hermanas, las veces que iba a Arequipa. Creo que todo esto, de una u otra manera, ya lo relaté antes en el blog y me estoy repitiendo.

Colecciones que fueron. Ahora colecciono recuerdos en la mente. Esos que soportan el tiempo, las mudanzas y los plumerazos de limpieza… ¡por lo menos hasta ahora!

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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