PIDO DISCULPAS Y AUXILIO


A los que leen este blog, pido disculpas.
Sucede que solo tengo intermitentemente (por lo general en las madrugadas) acceso a Internet y ningún servicio telefónico a ninguna hora (salvo que el azar intervenga y haya línea). Esto empezó hace tres semanas y ha ido empeorando, hasta convertirse en una mudez casi total.
Las veces que llamé a la compañía telefónica proveedora, luego de dificultades que empiezan porque no hay teléfono y para comunicarse con ella hay que hacerlo desde un número de la misma compañía (y mi celular es de otro proveedor); y continúan con que cuando consigo comunicar, la conexión es pésima; hay que marcar el número del aparato que tiene la avería para indicarlo, el código de la ciudad y después de dos opciones numéricas más me contesta una grabación, diciendo que la conversación puede ser grabada o monitoreada para seguridad (no sé bien de quién). Recién entonces me responde una persona viva, a la que le explico el problema que tengo. Me escucha y espero mientras hace unas “comprobaciones”; luego me dice que mi número de reclamo ha sido “generado” y me pide que apunte. Me proporciona un número de varios dígitos y pregunta si tengo alguna consulta más, antes de darme los buenos días.
Esta cadena de operaciones se ha repetido cinco veces y cada vez me han dado un número diferente. Nada ha sucedido.
Finalmente, un amigo al que llamé por el celular consiguió que me llamaran y amablemente me dijeran que iban a enviar a un técnico. Al día siguiente vino uno, miró la computadora y me dijo que el problema era del no sé qué de la propia compañía, y que estaba en el equipo colocado en el edificio; que haría el reporte y en 24 horas lo arreglaban. Ayer (15) se cumplió el plazo y nada.
En la madrugada pude transmitir mi blog (el anterior a este) y enviar dos correos con textos de trabajo (trabajo desde la computadora, para más inri). Ahora sigue sin haber conexión fiable a Internet, no tengo teléfono fijo y espero que algún milagro de San Enchufe permita que esto salga y lo lean.
Decía en el título que es también una llamada de auxilio, aunque más bien es una botella echada al mar cibernético.
Sé que parezco un quejica y que esto es una cosa que sucede en todas partes, pero pasa que estoy un poco harto, furioso, dolido, con las manos atadas y soy una víctima más de un sistema que te lo pintan hermoso y con pajaritos; casi un paisaje bucólico con vacas y trigo dorado por segar, donde eficientes robots lo hacen todo para que disfrutes del “dolce far niente”. Bueno, los robots no funcionan o no existen, la vaca ( una) es puro hueso y pellejo y está dormida; el trigo es un espejismo y los pajaritos se fueron en busca del verano a otro lugar. Como diría César Vallejo, el gran poeta peruano, “Quiero decir muchísimo y me atollo“.
O como dice la canción: “Pasarán los días, pasarán los años...”
¡Ah! Ayer sonó el teléfono y una señorita me pidió mi número de celular, identificándose como de la compañía proveedora. Se lo di, me llamó y cuando empecé a agradecerle por atender mi reclamo, me dijo que llamara a tal número para presentarlo, porque ella era del área de marketing.
No sé si fue una broma o una receta de cocina.

LO QUE ME GUSTA ES ILEGAL, INMORAL…¡O ENGORDA!


corrermuerte
Generalmente es así. Lo que en la juventud resulta más divertido, sabe mejor y lo llena a uno de placer, suele pasar factura con el tiempo. No es que todos se anden privando mientras pueden, para vivir un poco más, pero saltan los miedos acelerados por consejos de amigos, lecturas ocasionales y todo esto sirve de acicate para buscar información, lo que suele hacerse en la Red, donde las verdades a medias campean y las “recetas infalibles” prosperan como hongos en clima húmedo. Prácticamente todo tiene su lado malo, como si un Darth Vader siniestro se escondiera en lo que más inocencia aparenta. Tenemos algo que se llama discernimiento. Distinguimos que los excesos no traen nada bueno: no es lo mismo degustar una copa de vino y apreciar su sabor, que dormir en una especie de coma porque nos pasamos de tragos. No es igual comer un poco de algo que nos gusta, que tener que tomar remedios para aliviar en algo las consecuencias del atracón que nos dimos. El agua en exceso ahoga y los calmantes para el dolor, en cantidad, matan.
Sí, ni tanto ni tan poco. El justo medio es deseable. ¡Pero qué difícil conseguirlo!