LA OLLA LE DICE A LA SARTÉN: “¡NO ME TIZNES!”


Es impresionante ver como las “denuncias” cruzan de un lado al otro y del otro al uno, provocando que todo se vea como un desbarajuste. Quienes tienen muertos en el closet, fungen de enterradores, y tratan de pasar desapercibidos gritando a más no poder su impolutez (suena, pero lo inferí de impoluto) para aparecer como horrorizadas vírgenes virtuosas en trance de asedio violatorio.
Los que saben que la deben no la temen, porque siempre hay quien se presta para apagar incendios, sacar las castañas del fuego y cuidar que el pastito esté verde.
“Yo-te-acuso-porque-tú-me-acusaste-y-te-vas-a-joder…” es el resumen del discurso que se esgrime de ambos lados. ¿De ambos? ¡De todos lados!
Así estamos; en estos prolegómenos de elecciones que no presagian sino el arreciamiento del todos contra todos; del “¡muérete, carajo!”; del “¡…y tu mamá también!”; asistimos a la lumpenización de la política, al bastardeo vil de las instituciones y a los que ayer destrozaron el país hoy quieren pasar por constructores íntegros, mientras que los que hoy destrozan todo, te miran con aire de inocentes: “¿Yo? No soy”.
Nadie tiene la culpa. “Y si alguien es culpable… ¡que lo juzguen!” ¿Quién? ¿El poder judicial? Sería de reírse si no fuera tan trágico.
Mientras tanto la inmortalidad del mosco se debate con ahínco en el congreso y los que debieran hacer algo (ejecutar=hacer) no lo hacen, para que no los tilden de “corruptos” y entonces lo mejor, es no hacer nada…
En este ambiente enrarecido, tóxico, malsano, se pide claridad a los que votarán próximamente. Claridad, sensatez y voto justo para evitar errores, se pide a una ciudadanía que anda más perdida que lo que estaría un despistado Adán en las celebraciones del Día de la Madre.

OLLA