TAL VEZ UN SUEÑO (…nuevo atrevimiento)


Un molino,
una mañana con el sol
colándose por las ventanas.
Una historia vieja como el viento
y la canción eterna del girar
de las aspas.
Adonde llega el cielo,
nubes
con pájaros que cortan el
azul inocente del verano.
Tal vez un tiempo que aún
no se hizo presente.
Tal vez solo una música
o un canto,
o un rumor.
O una voz que calla
y construye el silencio…
Tal vez un sueño
y en él, nosotros.

23.10.95.
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BOSSA NOVA, BOSSA SEMPRE


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Estoy escuchando bossa nova, esa elegante manifestación de espíritus alegres, pero no escandalosos en su contento.
Bossa novas que traen, como la brisa, mañanas en La Herradura, con el mar brillando al sol de un medio día que promete veranos eternos. Suave terciopelo que acaricia los oídos y suena como el rozar de algodones…
Voces y una guitarra que cantan con respeto por un buen gusto que a veces se extraña, en estos días de estruendo, risas fuera de tono y palabras sin sentido. Que se extraña como quien añora el murmullo del agua del río mientras cruza el desierto.
Bossa nova que lo aligera todo; que hace la vida digna de vivirse, dándole un sentido que desconocíamos.
Poesía cantada, música que viene de un allá lejano y amigo para envolvernos y demostrar que se puede volar si se sueña lo suficiente.
Bossa nova, cargada de recuerdos: los de una época que sonaba mejor y en la que, como dijo García Márquez, éramos felices e indocumentados.

NO PENSÁBAMOS EN MAÑANA


Hay una etapa de la vida (y para alguno muchas) en la que no se piensa ni siquiera en el día siguiente; qué digo, ni tan siquiera más allá del próximo almuerzo. El mañana es una especie de islote lejano que cubre la bruma y que como esas tierras fantásticas, desaparece en cualquier momento. Un espejismo, para ser precisamente impreciso.
No nos preocupa algo que no solo desconocemos, sino en lo que hasta flojera da pensar. El mañana es una especie de entelequia.
Sin embargo un día despertamos y encontramos que el mañana vino con todo, como un aluvión imprevisto, como un rayo en cielo claro. Hoy ya es mañana y nos damos cuenta poco a poco que hay muchas cosas pendientes, mucho dejado para ese mañana que se presenta impaciente y nos toca la puerta, pugna por entrar por la ventana y quiere convertir nuestra cómoda despreocupación en una urgencia.
El mañana postergado, barre como una riada furiosa y de repente pasan alborotados, instantes que se mantienen duramente a flote y de los que no nos percatamos nunca.
No pensábamos en el mañana y resulta que ya es tarde y no importa. Quisiéramos tenerlo todavía, porque el hoy no nos gusta, pero no se puede hacer nada.

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UN NUEVO ATREVIMIENTO


Un nuevo atrevimiento, traído del pasado…

Detrás de la sombra de los días
recorro las esquinas del tiempo
y encuentro que el reflejo de tu voz
llena el espacio.

Aquí, en el silencio de una mañana
en la que el sol se muestra,
espero las señales para llegar
al color de tu sonrisa.

Desde mis palabras, el caminar
cansado de las horas trata de colocar
su carga en cualquier parte
para que no la advierta tu mirada.

Al final, sabiendo que estrenaré
tu ausencia,
borro mis huellas
para extrañarte menos.

8.10.95.
ausencia

TIEMPO MÁGICO


Quizá te acuerdes de la avenida Pedro de Osma, flanqueada por ficus añosos, de los que se desprendían unos gusanos peludos y negros, de cabeza roja cayendo inopinadamente sobre los hombros de algún desavisado transeúnte. Los ficus que formaban una especie de túnel, donde la neblina se acumulaba.
La avenida Pedro de Osma, por donde traqueteaba el tranvía, gris, jalando su acoplado, haciendo la bulla rítmica a la que nos habíamos acostumbrado tanto, que era parte de un paisaje sonoro que incluía los reclamos de las cuculíes y el vocear de tricicleros que compraban de todo y las escalas repetidas por el caramillo de esporádicos afiladores que empujaban su máquina: el armazón donde se sujetaba una rueda inmensa que un pedal primitivo de madera hacía girar para devolver a los cuchillos su capacidad de cortar, y que se “asentaban” en una piedra especial humedecida con un trapo.
Tal vez te pase como a mí, que estoy viendo la casa de la señorita Gallagher, en esa misma avenida, con su gran jardín enrejado, mientras yo llevo una esquela que mi madre le envía sobre una actuación del servicio social de la parroquia del padre Malpartida. Quizá me veas caminar hacia lo que yo consideraba la frontera entre Barranco y Chorrillos, mi frontera, un día de verano en el que no había podido ir a la playa.
Tal vez nos encontremos en Sánchez Carrión, que ahora es un boulevard alcohólico, de donde los vecinos deben haber huido espantados, yendo a Bolognesi, a la bodega del chino de la esquina.
Sé que si vamos por la Bajada de Baños, no nos encontraremos con el “Negro Camote”, porque a esta hora está ocupado de pasear su gorra del policía municipal que no es, en el mercado de Grau y que me cuentan que hoy suplanta un “supermercado”. ¿Qué podemos hacer con este Barranco que no es más, pero que llena los recuerdos con fiestas de carnaval, misa de los domingos en la iglesia del Parque, funicular y caminatas conversadas y largas?
En verdad no lo sé, porque ni tú, ni yo, ni ninguno de los amigos de ese entonces vivimos en Barranco, pero intuyo que si seguimos recordando podremos regresar a un tiempo que fue mágico.

Foto: Blog «Lima Antigua».

Foto Lima Antigua

ESPECTÁCULO


Había hecho de su vida un espectáculo. Un espectáculo rentable, que le daba mucho más de lo que nunca imaginó.
Al principio fue difícil, pero se acostumbró a aprovechar las oportunidades al máximo y a colarse por cualquier resquicio; a sacar la cabeza, a estirar el pescuezo, a ponerse en primera fila; a llamar la atención.
Se volvió protagonista de portadas en revistas, habitué de programas televisivos, sujeto de chismes y trascendidos, habitante nocturno de fiestas y discotecas.
Se arregló los dientes; se cortaba el pelo, se lo dejaba crecer, rompía las reglas y conseguía invitaciones a cenar en restaurantes vistosos y caros. Era participante de cajón en las celebraciones más bullangueras y se dejaba fotografiar por todos, en todas partes y en todas las actitudes posibles, mientras más estrafalarias mejor.
Le pagaban por las entrevistas y le pagaban por servir de compañía vistosa. Le pagaban, como se le paga a un artista por su performance.
Cuando murió su madre, utilizó la noticia para ampliar su exposición. De vez en cuando aparecía peleando con alguien que también buscaba notoriedad, porque dos llaman más la atención que solo uno. Eso sí, se cuidaba de no aparecer en segundo plano nunca, por más importante que fuera el otro.
No se le ocurría enamorarse, porque eso era no pensar con la cabeza y pasar a depender de alguien, digamos que compartir protagonismo.
Estuvo todo lo que pudo sobre la cresta de la ola, surfeando, como tablista y cuidando de no zambullirse, porque intuía que eso sería desaparecer para siempre.
La zambullida vino bajo la forma de un cólico al que decidió no hacerle caso, para no perderse la fiesta de aniversario de una de las revistas que más fotos había publicado de cuanto evento asistía. En la fiesta, los dolocordralanes dejaron de enmascarar el dolor y se cayó violentamente. La ambulancia llegó a la clínica, pero resultó en vano.
Fue una nota marginal, para el volumen de información que había proporcionado a la prensa. Fue su última manera de hacer noticia, pero había terminado el espectáculo y de la peor manera: sin un solo aplauso.
TELÓN