EL RATÓN


Super Raton

Era su primer diente.

El primer diente que se le caía. Le habían dicho que si lo escondía, el RATÓN (así con mayúsculas) se lo cambiaría por una moneda nueva y brillante.

Ese mediodía buscó lo que le pareció un buen lugar para poner el diente, que envolvió en un papel. Lo dejó detrás de la maceta que tenía el helecho y al que nadie parecía darle bola. Pensó que allí estaría seguro de miradas extrañas y de escobas. Lo único que le preocupaba era cómo el RATÓN encontraría el diente, a no ser que estuviera observándolo.

Su otro interrogante era cómo el RATÓN sabría que se le había caído un diente y si tendría la moneda nueva para efectuar el cambio. Nunca había visto un ratón vivo y cavilaba si sería como el Super Ratón de los chistes, que volaba, tenía un uniforme y una capa.

Pasó lenta la tarde, pasó lenta la noche, preñadas de zozobra. El nuevo día hizo su entrada luminosa y sigilosamente fue hasta la maceta del helecho, pero no había ocurrido ningún cambio; el papelito doblado seguía allí, seguro que con el diente adentro. Por si acaso lo cogió para ver si notaba una moneda, pero lo que palpó no era sino el diente que se cayó. Triste y un poco desconcertado, volvió a poner el papel detrás de la maceta y fue a su cuarto para empezar un día más, sin diente y sin moneda nueva.

Tal vez había que esperar, porque el RATÓN había ido de viaje (tenía unos primos en el campo, según decía un cuento) y no sabía del asunto.

Esperó un día, dos, una semana… Cada mañana y tarde por la noche iba hasta la maceta del helecho a comprobar si algo había sucedido. Nada pasó. Su tristeza aumentaba, porque al final el diente no le serviría de nada y se quedaría sin la moneda nueva.

Hasta que una mañana oyó que en la cocina decían que en la trampa que habían puesto anoche, había muerto un ratón. Se aterró y fue despacio hasta donde dejó el diente, envuelto en papel. Tanteó detrás de la maceta y allí estaba: en vez del diente, había una moneda nuevecita y reluciente.

Sonrió con la felicidad que da a los niños el poseer lo que tanto esperaban. De la cocina echaron al ratón con trampa y todo, a la  basura y al limpiar el lugar donde estuvo, encontraron un diente.

Lloró en su cuarto. Seguro había muerto SUPER RATÓN.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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