MORIR, DORMIR…, ¡DORMIR! … ¿TAL VEZ SOÑAR?


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Se enojaba con todos y por todo.

Su malhumor hizo que se alejaran de él los parientes y amigos; quienes todavía le hablaban, no habían visto nunca su sonrisa.

No respondía a los saludos si salía a la calle y no daba las gracias por economizar palabras. Se fue quedando solo peleado con un mundo que, según él, no le entendía y haciendo más profunda la trinchera mental que lo aislaba.

Se durmió una noche, como todas las noches, no sin antes mascullar oraciones. En su sueño intranquilo, soñó que estaba ante un mueble inmenso que tenía cajones y que cada cajón ostentaba un letrero que leyó extrañado: “sonrisas”, “día soleado”,  “cometas de papel”, “abrazos”, “veranos en la playa”, “primera enamorada”, “café de la mañana”… Y por esas cosas que pasan en los sueños solamente, supo que el mueble era su vida y estaba mirando los cajones que nunca pudo abrir y entendió el porqué de sus enojos. No despertó, porque de otra manera, al mirarse al espejo, este habría reflejado su sonrisa.