EL DEMONIO Y LOS LÁPICES


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Está de moda en Internet, lo cual quiere decir que anda por casi todo el mundo. Es básico, muy sencillo y los insumos se encuentran fácilmente. No se necesita tener polvo de alas de murciélago, tierra de cementerio, el feto seco de un gato y una cucharada de grasa de ballena. Basta con agenciarse dos lápices y una hoja de papel. Es una especie de ouija pobre.

Se ha vuelto popular entre chicos, adolescentes y adultos curiosos y “da respuestas” a preguntas que requieran de un SI o un NO como contestación. Según dicen lo hace un demonio; uno al que se invoca llamando: “Charlie, Charlie”. Como se sabe el demonio es ubicuo y no importa que se lo llame en Texas o en Loreto. Otra explicación dice que como hay tantos demonios, a cada invitación acude uno diferente, pero entienden todos que la palabra clave es Charlie, repetida dos veces.

El medio son los lápices, puestos en cruz (ojo con el símbolo) y en equilibrio uno sobre otro. Están sobre el papel dividido en un cuadrante con la palabra SÍ escrita en dos rectángulos y la palabra “NO” en cada uno de los otros, de manera opuesta, por supuesto.

Se invoca y pregunta si el visitante está y si el lápiz superior gira con la punta señalando que sí, se puede comenzar.

El lápiz indicará si la respuesta es sí o no, a lo que se pregunte. En la televisión han hecho pruebas y el lápiz se movía y las noticias dicen que en algunos colegios el “juego” ha producido “posesiones diabólicas” que han terminado con afectados en algún hospital y reuniones en iglesias bíblicas para rezar en grupo y “exorcizar” a los damnificados.

En un buscador normal de Internet hay hasta seis páginas de resultados y en Facebook seis entradas en diversos idiomas que si uno entra, cada una, de seguro, se ramifica multiplicándose casi infinitamente. Resulta curioso, pero el número 6 (tres hacen, tradicionalmente, el “número de la Bestia”) aquí entra en baza.

El demonio, parece, está acorde con los tiempos y ha decidido simplificar contactos, masificarlos, pues, usando tecnología que puede ser “diabólica”.

Fuera de toda broma, este es un signo de la época y sus facilidades; el demonio en la punta de un lápiz y a disposición de cualquiera que quiera consultarle.

El demonio se ha banalizado y no sabemos si es una estrategia suya o “Charlie, Charlie” es un juego al que “lo oculto” hace muy atractivo.