MARGARITA, TE VOY A CONTAR UN CUENTO


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“..Este era un rey que tenía un palacio de brillantes, una tienda hecha del día y un rebaño de elefantes…”.

Es el fragmento de un poema de Rubén Darío, que mi madre me recitaba cuando era chico y yo me enojaba mucho porque no era ninguna Margarita, sino Manolo.

No sé si será cierto que Martín Belaunde Lossio perdió un vuelo que lo iba a sacar de Bolivia,  por culpa de una entrevista por teléfono a un programa de la televisión.

El caso de donde los medios comen (junto con el de Oropeza y sus compinches) no podía tener un ingrediente mejor.

Al final lo cogió la policía del país altiplánico, gracias al rastreo que hizo en base a una señal que –mediático él- dio para contar la “primicia”, que se constató después como una mal fabricada mentira: secuestro, heridas y escape fantástico de supuestos captores. La realidad resultó ser tristemente común y lo encontraron escondido debajo de una cama, camuflado, entre un montón de ropa usada. El final heroico, de serie trepidante de la tele que soñó y contó (contar viene de cuento) se convirtió así en algo chapucero y, banal.

Ahora “contará su verdad” (otra vez, contar viene de cuento) y ya se sabe cuánto se le puede creer a un cuentista que se proclama “perseguido político” y que más parece fabricante de tramas o escritor de guiones de fracasadas series policiales.

Ha de haber un trasfondo ciertamente, pero menos complejo que lo que él y otros quisieran. Siguiendo la pista del dinero (vieja táctica policial) se llegará al final, a no ser que otros cuentos ingresen en la escena. Entonces se alargará la cosa, se adornará la cosa y se volverá irreconocible la cosa… ¿Qué cosa? ¿De qué hablan?