BIABIU


DITA Y BIABIU

Mi nieta Miranda me dice así.

Dita (como ella misma responde cuando le preguntan su nombre) o sea Mirandita, habla en su media lengua que inventa palabras “que suenan a” y trato de entender.

A veces consigo hacerlo, pero la mayoría del tiempo estoy adivinando. Esto resulta malo para ella, porque no respondo correctamente a lo que quiere decir o hago algo que no tiene ni remota relación con lo que espera.

Me hace acordar cuando mi sobrina Marcela, que estaba chiquitita, vino con sus papás y hermanos de Brasil y en casa de mi madre, le pedía a su abuelita (mi madre): “¡Fica aquí! ¡Fica aquí!…” y ella no entendía; y ella no entendía que ella no entendiera, que lo que quería es que se quedara allí. Y Marcela lloraba Y Tony se confundía.

A Miranda, sus papás y su hermana le entienden perfectamente y yo me siento un bobo en Babia (¿será por eso que me dice “Biabiu”?).

Comprendo que miau es gato; guau, perro; mu, vaca y que achul es azul. Pero me pierdo en ese mar de palabras que creo que hay que tener solo dos años y medio para entender.

A pesar de mi ignorancia lingüística nos llevamos muy bien Miranda y yo, sobre todo cuando pongo, a su insistencia, al “Osito Gominola” en la computadora, que  hasta en ruso canta y ella parece entender, por lo atenta y tranquila que se queda.

Siempre me pareció maravilloso ver a los niños ir descubriendo lo que les rodea y sonreír, con esa sonrisa de satisfacción al comprobar que el mundo es manejable, lo entienden y él hace como si también fuera así.

¡Quién como ellos!