CUADERNO DOBLE RAYA


DOBLE RAYA

Hasta ahora tengo en mi memoria el primer cuaderno “doble raya” que llevé al colegio y que difería del block “Minerva” y de los cuadernos que usaba normalmente (que no eran muchos, pero eran). Creo que fue para el curso de inglés y significó una verdadera novedad: sus rayas eran de un azul celestoso, había una línea roja arriba  y la página se veía mucho más llena que la de uno común. El cuadriculado era hasta entonces el único distinto y señalaba el curso que nunca me gustó.

Nunca llegué a entender bien para qué servía (y confieso que hasta hoy creo que era para que las mayúsculas salieran parejitas) porque me parecía que una línea sobraba y que lo único que conseguía era que las hojas parecieran las ventanas de una cárcel, con los barrotes puestos de través. No es que el inglés me pareciera malo o especialmente antipático. Al fin y al cabo el libro en el que estaban las lecturas tenía ilustraciones a colores; el perro era un cocker spaniel blanco con manchas negras, se llamaba “Spot” y ladraba en inglés: “Bow-wow, bow-wow”. Había una chica que se llamaba Jean y un chico que se llamaba John.

Sin embargo el cuaderno, no supe bien por qué, nunca me gustó. Sería porque mi letra desmañada era lo más opuesto a la caligrafía Palmer que trataban de enseñarnos o por otras razones. He pensado un poco sobre eso y tal vez se debiera que a mí no me gustaba la madre Teresa, profesora de inglés. La veo seria y agestada, diferente a las otras; seguro parecida al cuaderno de matemáticas: cuadriculada.

 

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

10 comentarios en “CUADERNO DOBLE RAYA”

  1. Buenísimo.
    Nosotros teníamos una lazada en los extremos azulada, y el cuaderno se llamaba Tabaré, por los charrúas.
    Un fuerte abrazo

  2. A mí me ocurría justo lo contrario: me encantaba ver las letras redonditas y enlazadas. De hecho, me gustaba tanto que no podía dejar de acercarme la hoja del cuaderno a la nariz para olerla como si fuese una magdalena (alguna vez incluso le di un bocadito). Lo que no puedo entender es como, teniendo una caligrafía tan exquisita de joven, la tengo tan espantosa de adulta. Imagino que será achacable a los avatares de la vida… Me alegro de haber recabado en tu blog, manoloprofe, porque es entretenidísimo.

    1. Empiezo por el final: ¡Gracias mil por encontrar entretenido el blog y ya sabes que de lunes a viernes tenemos una cita “bloguera”…!
      Mi letra siempre fue malita, tanto que me decidí por las mayúsculas. Ahora tengo que hacer mucho esfuerzo para escribir a mano, hacerlo bien (aunque sea con letra de “imprenta”) y verlo correctamente (tres infartos cerebrales me dejaron primero ciego; cuando volví a ver, cuatro meses después del primer ACV, tenía visión de túnel y veía como el miope que siempre fui. El segundo empeoró mi nitidez visual y el tercero me produjo hemiplejia del lado derecho, que con terapia, ayuda y un poquito de fuerza de voluntad -léase terquedad- remitió hasta dejarme un 70% operativo).
      Te confieso que las pasé duras y maduras. En mi haber van los 3 ACV y 4 infartos al corazón. No está mal para 70 años…
      Te comento también que mi letra no era para comérsela, porque de seguro provocaba indigestión…
      ¡Abrazo!
      Manolo.
      🙂

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