PRESUNCIÓN DE INOCENCIA


 

INOCENCIA

La ley indica que todos somos inocentes, mientras no se demuestre lo contrario.

Sin embargo por las señales existentes podemos presumir que algo huele muy mal en muchas partes en nuestro país.

Lo suficiente para hacernos arrugar la nariz y taparla, con tal de no respirar el aire mezclado con el mal olor por un instante.

Cuando, como digo siempre, el animal tiene cuatro patas, bigotes, cola y dice “¡miau!”, es que se trata de un gato. De lo contrario es un perro bilingüe y eso es una rareza única. Lo que vemos y oímos tiene un “l.q.q.d.” que horroriza. Unos resultados que asustan, por lo menos.

Al parecer hay muchos que se la llevan fácil, confiando en maniobras distractoras y poniendo su mejor cara de palo, digamos circunstancias…

Negarán hasta el final los estropicios y cuando estén contra la pared, mirarán hacia arriba o a los lados buscando a quien echar culpas  y declarar enfáticos: “yo no sé nada de eso”.

Sin embargo son declarados inocentes mientras no se demuestre su culpabilidad. La ley lo dice, aunque las señales los delaten.

Lo que sucede en realidad, es que todos somos culpables por dejar que esto suceda y aquí no hay presunción de inocencia que valga. Los dejamos hacer y así colaboramos.