BILLETE, PODER Y VICEVERSA


DINERO Y PODER

Pena tener que escribir sobre algo que resulta hoy (y seguro que siempre, pero ahora es más visible) algo que no solo pasa a diario, sino al parecer en todas partes.

Bien dicen que el poder corrompe y la imagen del “billetón” es Rico McPato (el personaje de Disney), bañándose en monedas, como lo recuerda siempre mi amigo Manuel.

Me duele escribir sobre algo de lo que se escribe y habla tanto, que parece corriente y creo que resulta que no. O por lo menos, quisiera que así fuera.

En nuestro Perú, para centrar el lugar, es verdaderamente inconcebible lo que está sucediendo. La ambición parece haberse vuelto un deporte nacional. Pero no la ambición sana del que quiere salir adelante y trabaja para hacerlo realidad, sino la del que lo quiere todo y rápido.

Ambición como la del narcotraficante, el ladrón y el que cree que el dinero le dará poder o viceversa, porque de los dos hay.

La ansiedad de tener más dinero y el poder que este suele traer consigo (“¡poderoso caballero es don dinero!”) se entremezclan y consiguen producir lo que vemos y se muestra como “éxito”. Vemos ejemplos en “políticos” que usan la política para hacer dinero y comprar “respetabilidades” y en los que usan el dinero que tienen para convertirse en “políticos”, tener poder y seguir haciendo más y más plata. Todo esto ante nuestras narices. Se los ve como “emprendedores”, “los que llegaron”, “aquellos que la llevan”. No importa el origen del dinero o como consiguieron el poder: simplemente los tienen y con ellos hacen lo que quieren, sin importarles nada que no sean más poder y dinero.

Es verdad que estuve cerca del primero, pero lo que vi me hizo retroceder rápidamente. Pienso que hay otras cosas más que esas dos alternativas y si para conseguir algo las necesitara, prefiero pasármelo sin ellas.

No es que me crea un santo ni que el tiempo haya disminuido mis reflejos, sino que considero que la vida no puede depender de esas variantes. De pronto me equivoco: prefiero continuar en mi error y me parece bien que quienes piensen de otro modo, hagan lo que les plazca. Me gusta que la cancha se despeje y hablar con los vecinos, como cuando  éramos chicos y lo único que queríamos era amistad.