¿EL PRETEXTO?


BIBLIA

Ahora resulta que muchos de los implicados en redes mafiosas, son “creyentes”; es decir, se proclaman y reconocen como miembros de una “iglesia cristiana” y alguno de ellos,  taumaturgo, al que lo buscan porque efectúa sanaciones milagrosas: “me buscan para que los rece”, leo en un diario.

Estamos ante un fenómeno que implicaría una “protección especial divina” de grupos delincuenciales (yo sé que Dios no hace distingos, pero el asunto me resulta sospechoso, por lo menos). Tengo la impresión que este es un pretexto para usar la Biblia como escudo y que el Mal se vale de todo lo que esté a su alcance para camuflarse.

No dudo que el arrepentimiento y la conversión puedan llegar a todos y los más recalcitrantes ser “tocados”, pero el asunto huele a azufre, del barato.

En un mundo donde la corrupción avanza y las máscaras se usan para esconder la podre, no me extrañaría que este sea solo un pretexto más. Uno como cambiar de nombre, hacerse cirugía plástica o pintarse el cabello. Uno que “cambie” el aspecto, limpie lo que está sucio a la vista y otorgue una nueva e impoluta identidad.

De pronto me equivoco y pido disculpas, especialmente a Dios. Pero es que lo que pasa es que uno de los mandamientos pide no tomar Su Nombre en vano; bueno, eso es para quienes creen en las reglas de Dios.

 

 

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