LA OPACA TRANSPARENCIA


 

OPACO

No cumplo las promesas que me hago a mí mismo.

Me propuse no escribir sobre cosas como esta y resulto haciéndolo porque es algo que no se puede callar o disimular mirando a otro lado.

Para el Gobierno, transparencia es el nombre de una ONG (Organización No Gubernamental) y por lo tanto no tiene nada que ver; lo dice claramente la NG (no Gubernamental), con mucha transparencia.

Vistas así las cosas (o no vistas, mejor) se hace todo lo posible para que la opacidad deje pasar solo un poquito de luz, pero no se vea nada. Nada que pueda comprometer (más) a los que ya están comprometidos y a los que los secundan y permiten.

Existe una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública (Ley N° º 27806), que como muchas Leyes en nuestro país es lo que se llama “letra muerta”, porque importa tanto como moneda de un céntimo, falsa, para más señas.

Este juego de envite, donde se escamotea a la vista de todos la verdad, parece ser precisamente eso: un juego, diversión que busca entretener mientras “mágicamente” desaparece lo que todos tienen derecho a saber.

En el asunto están metidos de pico y patas personajes diversos, todos preocupándose por mantenerse del lado más oscuro. No quieren ser visibles, no les conviene, porque perderían con la luz su inmunidad. Que deviene hasta ahora en cómoda impunidad.

Por eso la Ley de Transparencia es ignorada y aquí mejor que nunca, “hecha la Ley, hecha la trampa”, mientras tanto las fortunas se amasan y las honras se venden, o se alquilan, porque así hay una renta segura. Mientras tanto, el grosor de la billetera significa que hay éxito y no importa la forma de engordarla. Siempre dije que el Perú era el reino del “no te preocupes hermanito, déjalo así nomás: nadie se va a dar cuenta”; entonces…  ¿para qué  es que queríamos transparencia?