EL SOCIO


NUBE

Mis padres tenían un Socio que los acompañó siempre y estuvo pendiente de sus cuitas, ayudando a resolver los problemas que iban desde no tener qué comer cuando trataban de reflotar la pequeña hacienda en el Cuzco, hasta conseguir lo necesario para solventar las mensualidades de universidad y colegio de mis hermanos Teté y Panchín. El Socio que los consoló cuando murió mi hermano Lucho (al que no conocí) a los 7 años de edad; el que cuidó de todo cuando mi padre tenía que estar meses viviendo en campamentos perdidos en la sierra construyendo caminos.

El Socio ideal que no reclamó nada nunca, velando por mi madre cuando Manuel Enrique terminó su tarea en este mundo y cuando ella fue para acompañarlo donde todos iremos, la ayudó para el viaje.

Cuando partieron ellos, el Socio se quedó y recién me di cuenta que su preocupación éramos Alicia, yo, nuestros hijos y nietos. Es curioso como la historia se repite…

Qué bueno que el Socio de mis padres siga aquí, con nosotros. Tal vez debería decir: “¡qué bueno que sigamos con Él y sea nuestro Socio!”

Anuncio publicitario