SABER ESCRIBIR Y SABER LEER


SALVAVIDAS

Estas son dos carencias básicas en nuestro país.

En un noticiero de televisión, la locutora leyó que Paul Olórtiga “había ido al cementerio a “visitar el féretro de su esposa” y en seguida a “rezar a la tumba”. Nada extraño si la chica locutora leía lo que le habían escrito.  Eso, en un programa de TV que debe llegar a miles de personas a las 8.30 de la noche.

Es un botón de muestra de las barbaridades idiomáticas que son perpetradas a diario con el mayor desparpajo. No es una novedad que suceda pero sí una desgracia. Una que agrega.

No leemos, escribimos mal y nos comunicamos peor.

Lo vengo viendo, escuchando y sufriendo desde hace muchísimo tiempo, pero me parece que cada vez es peor y se vuelve muy natural. Es “cool” no leer y lo normal es demostrar incultura (si hasta el dueño y dirigente de una universidad se jacta de no leer, seguro porque es de “una raza distinta” y tiene un comercial de TV donde él mismo habla y comete errores que ocurren cuando uno no sabe escribir ni leer…)

A veces me siento ridículo por comprobar acentos o el uso correcto de una letra; digo que al final me van a entender, pero entonces me doy cuenta que es como si fuera a la playa con terno o como si para que caminara el carro, llenara el tanque con agua.

Sé que es una batalla que muchos perdemos todos los días, pero constantes, decididos (casi pongo “tercos”) nos negamos a la derrota. Es que perder batallas no significa que has perdido la guerra. ¿Vistes?