Tocan quedo


SENDERO BLOG

Renoir AugusteSi bien tienes el cabello desordenado, sé que no estás soñolienta. Te pusiste la bata y cuando te untabas tu crema de noche, cerraste los ojos más para ensoñar que para dormir. Sin embargo, el cansancio, poco a poco, venció. Una muesca en los labios dice que intuyes que alguien tocará a la puerta. Los nudillos que has mirado a hurtadillas cuando servías la comida, se han dado cuenta de que la luz de tus ojos parecía prenderse. Ayer lo viste mirándote y por poco derramas la sopa. Tocan quedo.

Sabes que es él y dudas en abrirle, sin embargo, quieres llenarte de sus manos e imaginarte que son unos labios sembradores de saliva. Te has sentado en el borde de la cama y pareciera que es el viento que mueve la puerta de la recamara, pero sabes que no, que es él. Sabes que no será una charla, sino…

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Robert Ballard, el hombre que encontró el Titanic, y mucho más…


Ciencia Histórica

El 1 de septiembre de 1985, las cámaras del vehículo submarino Argo captaron lo que parecían ser restos de un navío. Poco después, en las pantallas de ordenador seis mil metros por encima, en la superficie, el diseñador del ingenio sumergible distinguía lo que parecía ser una caldera y, unos minutos más tarde, el casco del más famoso de los navíos que jamás haya surcado los mares, aunque hubiese sido sólo durante cuatro días: el Titanic. Setenta y tres años después de su hundimiento, ojos humanos se posaban sobre su lastimada estructura, rota en dos partes y rodeada de casquería, un triunfo para los promotores del estudio de las profundidades oceánicas y en especial para el Dr. Robert Ballard, investigador de la Marina de los Estados Unidos, creador de Argo y director de la expedición. El éxito del Titanic significó para Ballard no sólo el reconocimiento internacional, sino la continuación…

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DECIME PEPE


PEPE MUJICA

Tener a José Mujica de presidente de la república debe ser como si tu vecino de al lado, tu compañero de carpeta o tu mejor amigo, fuera presidente.

Es un presidente de entrecasa, con zapatillas y sin complicaciones.

Seguramente muchos no concuerdan conmigo, porque “la majestad presidencial se ve vulnerada” y porque en política, los demás suelen estar en la otra orilla. Mujica no solo no es el presidente latinoamericano clásico (en realidad no me parece que exista en ninguna parte un presidente así), sino que no contento con destrozar esquemas, demuestra que le importan un carajo el boato, las plumas relucientes y las venias. Chofer de su VW escarabajo usado, se pasea descaradamente por los pasillos del poder, asustando a polillas y dejando las huellas del barro de los días.

Seguramente tiene enemigos y no es que guste a todos, especialmente a esos que opinan que en esa facha y sin corbata no puede representar a su Nación.

No sé, pero creo que si hubiera muchos Pepes y Juanes, muchos Pedros y Claras presidiendo países, el asunto sería diferente.

Dicen que es un “fenómeno mediático” y me parece que es un fenómeno a secas. Uno de esos seres que se dan cada tanto y que los uruguayos tienen mucha suerte en tenerlo.

Ser tú mismo” es un pecado, sobre todo si eres presidente, porque debes guardar las apariencias, sonreír, contestar educado y no quejarte si te duele el estómago.

Ser tú mismo” te va a hacer correr riesgos, pero valen la pena si en ti mismo, se reflejan los otros.

EL CAZAPALABRAS


CAZAPALABRAS

Una cacería incruenta y enriquecedora, que para muchos puede parecer aburrida o inútil. A mí no me parece nada de esto y la practico siempre que puedo; la cacería de palabras tiene la emoción del descubrimiento.

Es un deporte que me permite aprender. Los cazadores de palabras  están por todo el mundo y no andamos tras una especie en extinción.

Desde que lo recuerdo, siempre que veía una palabra nueva, buscaba su significado y así me hice amigo del diccionario en dos tomos, grande e ilustrado, que era de mi padre y hasta ahora conservo. Tiene palabras que ya no se usan, mapas de países que ya desaparecieron, se fundieron con otros o cambiaron de nombre; sus ilustraciones son dibujos y no fotografías y en él aprendí lo que era un coto de caza y estaba orgulloso de tenerlo.

Esta pequeña afición me ha abierto puertas insospechadas, llevado con la imaginación a lugares extraños y permitido disfrutar de innumerables horas pasadas examinando los especímenes obtenidos. Es cierto que no tengo trofeos colgados en la sala de mi casa, pero es que las palabras, todas ellas, me parecen tan supremamente importantes, que me gusta que estén vivas y llenas de significado, juntándose unas con otras y con sus cruces produciendo nuevas camadas de palabras que empiezan a gatear y se meten por todos los rincones buscando acomodarse.

La ventaja es que, con el tiempo, lo que fue un coto de caza pequeñito (que como yo era chico me parecía grande) se amplió enormemente, no ya con diccionarios, sino con todo el inmenso océano de la lectura. Ese mar infinito, que ahora sé, nunca se acabará antes que yo.

Soy un cazapalabras furtivo, porque en realidad no me interesa que haya una temporada para cazar abierta.

LA OPACA TRANSPARENCIA


 

OPACO

No cumplo las promesas que me hago a mí mismo.

Me propuse no escribir sobre cosas como esta y resulto haciéndolo porque es algo que no se puede callar o disimular mirando a otro lado.

Para el Gobierno, transparencia es el nombre de una ONG (Organización No Gubernamental) y por lo tanto no tiene nada que ver; lo dice claramente la NG (no Gubernamental), con mucha transparencia.

Vistas así las cosas (o no vistas, mejor) se hace todo lo posible para que la opacidad deje pasar solo un poquito de luz, pero no se vea nada. Nada que pueda comprometer (más) a los que ya están comprometidos y a los que los secundan y permiten.

Existe una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública (Ley N° º 27806), que como muchas Leyes en nuestro país es lo que se llama “letra muerta”, porque importa tanto como moneda de un céntimo, falsa, para más señas.

Este juego de envite, donde se escamotea a la vista de todos la verdad, parece ser precisamente eso: un juego, diversión que busca entretener mientras “mágicamente” desaparece lo que todos tienen derecho a saber.

En el asunto están metidos de pico y patas personajes diversos, todos preocupándose por mantenerse del lado más oscuro. No quieren ser visibles, no les conviene, porque perderían con la luz su inmunidad. Que deviene hasta ahora en cómoda impunidad.

Por eso la Ley de Transparencia es ignorada y aquí mejor que nunca, “hecha la Ley, hecha la trampa”, mientras tanto las fortunas se amasan y las honras se venden, o se alquilan, porque así hay una renta segura. Mientras tanto, el grosor de la billetera significa que hay éxito y no importa la forma de engordarla. Siempre dije que el Perú era el reino del “no te preocupes hermanito, déjalo así nomás: nadie se va a dar cuenta”; entonces…  ¿para qué  es que queríamos transparencia?

EL DESTINO DE POCHITO


LECHUZA POR DURERO

Pochito era una lechuza.

Cuando llegó al “Club Deportivo Unión”, cuyo local quedaba en el garaje de mi casa, era pequeñita y no sé bien como fue a dar ahí, si porque alguno de los hermanos de Lucho nos la regaló o porque la atraparon desconcertada.

Lo que sí recuerdo es que el local del club se convirtió por un tiempo en el hogar de “Pochito”. Concluimos que era una lechuza, porque los búhos tenían en la cabeza unas “orejitas” de plumas y nuestro inquilino la tenía redondeada y sin vestigio alguno de las famosas “orejitas”. A nosotros, chicos, no se nos daba bien eso de las familias en zoología y aunque ahora sé que son diferentes búho y lechuza, acertamos: ¡era una lechuza!

Lo que sí nunca supe es por qué le pusimos “Pochito”, porque nunca averiguamos si era hembra o macho, es decir, lechuza o lechuzo.

En el club y le dejamos un recipiente con agua y un poco de carne molida, asegurándonos de cerrar las puertas para que no escapara y tuviera oscuridad, porque nos había parecido que la luz del día lo molestaba y no dejaba que viera.

Como el club quedaba, ya lo dije, en el garaje de mi casa, yo estaba encargado de vigilar a “Pochito”. La curiosidad me mataba y fui varias veces, a espiar primero, sin ver absolutamente nada (porque la lechuza era chiquita y el lugar estaba a oscuras) y después atreviéndome a entrar para comprobar su alimento y ver que parecía intacto. “Pochito” se había instalado en un larguero de madera cercano al techo y parecía dormir. No me atrevía a hacer luz para no molestarlo. En realidad me daba un poquito de miedo entrar y que el animalito me atacara (¡era carnívora la lechuza, habíamos leído no sé dónde!).

Un día nos armamos de valor y entramos a ver al huésped, que ya era mascota y socio honorario del club y tras mucho mirar descubrimos a “Pochito”, más asustado que nosotros, en una esquina. Eso sí, el club que no era un dechado de limpieza nunca, estaba “adornado” por las deyecciones del ave: ¡todo estaba cagado!

Definitivamente el club no era lugar para “Pochito”.

Decidimos entregarlo al zoológico de Barranco (ese que quedaba en “La Laguna”), pero antes había que atraparlo. No sé bien si lo hizo alguno de los hermanos mayores de Lucho, mi hermano Panchín o María, la sufrida empleada de la casa o su hermana Alejandrina (a la que “le dolían los zapatos”). Finalmente, “Pochito” pasó a ser residente del zoológico y fue el primer miembro del club (honorario, claro) que estuvo en una jaula.

 

ILUSTRACIÓN: «Lechuza» por Durero.