Brisas de verano…


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Foto by Cruz del Sur

La primavera parece camuflarse con el verano, la temperatura en Buenos Aires ronda los 35 °C, las flores irradian colores brillantes, el sol se pone en el horizonte con un color rojo fuego, las aves migratorias han llegado desde el hemisferio Norte, todo da una sensación de verano…

Cruz del Sur

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NUESTRA NIETA DANIELA


DANIELA

Daniela, nuestra nieta, se despunta como maquilladora profesional que es mucho más que usar delineador, sombras y lápiz de labios. Va más allá de colocar pestañas “una por una”…

Esos rostros que a veces toma horas transformar con técnicas especiales que incluyen implantes, cabello, cicatrices (falsas, de maquillaje) horribles y toda una galería interminable que vemos muchas veces en el cine, a veces en TV y en teatro, son producto de creativos artistas del maquillaje. Y el maquillaje que abarca el cuerpo entero si es necesario se ve tan natural que nadie pensaría que allí hay un inmenso trabajo de transformación.

Eso es lo que está haciendo Daniela, nuestra nieta mayor, hija de Alicia María, que ya con 20 años sabe perfectamente lo que quiere y trabaja por ello. Es cierto que le falta recorrer camino, pero está caminando.

Sin embargo ayer publicaron en la Web del Diario “El Comercio” un “paso a paso” con fotografías de una demostración de maquillaje/caracterización para Halloween  (Hazlo tú misma: Maquíllate como una geisha por Halloween). La modelo fue su amiga Jhoselin Mont, que es quien la ayuda participando en sus pruebas. También ensaya con su hermana Miranda y la va a caracterizar como “La novia de Frankestein” para la fiesta de Halloween.

¡Qué enorme distancia de cuando Alicia y yo (yo asistía de “colado” a veces) recibíamos las clases de maquillaje teatral, dictadas en el TUC, por ese gran señor y actor que fue Pablo Fernández! ¡Qué lejos están esos días en que ni soñábamos tener una nieta y que ella haría, profesionalmente, lo que Pablo trataba de enseñarnos!

Es cierto que la “vena artística” le viene de su abuela, porque Alicia es pintora (aunque yo también garabateaba dibujos hace como mil años) y nos gusta y da ternura ver como se esfuerza y van saliendo de sus manos maravillas.

Bueno, no sé si exagero, pero perdónenme este post que es evidentemente la chochera de un abuelo, que ve como una de las ramas del arbolito que sembramos van a hacer 42 años este diciembre, empieza a enseñar frutos hermosos…

¡Estamos orgullosos y contentos!

DANIELA MAQUILLANDO

 

 

GEISHA

“México, infierno de proporciones desconocidas”


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Hoy hace un mes seis estudiantes normalistas fueron asesinados (uno de ellos, desollado) y otros 43 fueron desaparecidos en Ayotzinapa, estado mexicano de Guerrero. Iban a boicotear un acto público de la esposa de José Luis Abarca, alcalde de la localidad, y a recaudar fondos para actividades políticas. Por mandato de Abarca la policía local los reprimió a tiros, para luego entregarlos a sicarios de los narcotraficantes Guerreros Unidos. Según varios testimonios, los jóvenes fueron quemados y enterrados en fosas clandestinas. Hoy sigue sin confirmarse dónde están. Lo único claro es que este crimen de estado rebasa todo lo imaginable. El poeta Javier Sicilia, cuyo hijo fue secuestrado hace dos años y luego asesinado, le pone nombre a lo innombrable: “Cierro los ojos y miro a mi hijo, ese muchacho noble. Con su angustia, aterrado, esperando que unos tipos lo vayan a matar. Ese instante me duele mucho, en el que uno que se parece…

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¿MONO CON METRALLETA O TIRADOR ENTRENADO?


MONO CON METRALLETA

El tema de López Meneses tiene una cobertura mediática impresionante. De obtenerla se encargan el propio OLM y el señor Díaz Dios. Mientras tanto asistimos a una función de dimes y diretes y el que no quiere declarar ante el congreso, lo hace frente a una prensa golosa que se frota las manos. También parece que “jugara en pared” con un presidente de comisión investigadora que más se asemeja a un “fan” barrista que a otra cosa.

La verborrea de OLM podría recordar a lo que un simio, armado con una metralleta, haría: disparar en todas direcciones y provocar una lluvia de balas que alcancen a tirios y troyanos. ¿O es un tirador entrenado que disfraza bajo su aguacero palabrístico algunos proyectiles especialmente dirigidos?

No lo sé a ciencia cierta, pero me parece muy extraño que después de casi un año de descubiertos y denunciados los sucesos, el asunto continúe; el acusado se mueva con soltura, declare y a su vez acuse enredando lo que no debería tener tanto vericueto.

Me parece muy extraño que OLM se dé el lujo de “amenazar” con fotos “comprometedoras” (que no muestra) en el mejor estilo de un extorsionador y que diga más o menos “que la responsabilidad la tienen ellos” refiriéndose, evidentemente, al gobierno.

Me parece muy rara la complacencia que el señor Díaz Dios tiene con quien supuestamente es su investigado.

Parece muy extraño, al menos para mí, que bajo las luces de los reflectores mediáticos llamen a “declarar” a ministros para, ganando tiempo, echar más leña al fuego y revolver el río para que algunos pesquen y se ganen alguito.

Guerra de amenazas, palabrerío fuerte, pulseo de contrarios y en el medio, un público que mira a todos lados y trata de esquivar unas balas que no sabría decir si son perdidas o tienen bien escrito su destino.

Mientras tanto, en el Olimpo pasa el tiempo, Dios parece tener errores de ortografía y escribe días con “z”.  Olimpo: ¿no es el nombre de un bar o cabaret? ¿Qué habrá tras el juego de las máscaras?

CAMPAMENTO


CAMPAMENTO

Nunca he sido un fanático de las acampadas. Lo he hecho cuando estaba en el colegio, sobre todo llevado por la ilusión de estar con mis amigos viviendo aventuras (por lo general imaginarias), ver sitios diferentes y sentir esa camaradería que un campamento se supone que provoca.

Mi primer pero, es que siempre fui un poco comodón y saber que la casa queda atrás por unos días, se duerme en el suelo, hay bichos que caminan sueltos y uno se siente un poco fuera de lugar, nunca fueron  acicates para mi espíritu campamentero.

El segundo pero, es que fui y soy bastante desorganizado y los horarios exactos y el reloj marcando actividades nunca fueron conmigo. No podía entender, por ejemplo, por qué si estaba con mis amigos y queríamos conversar sobre cosas trascendentales, había que apagar la luz del lamparín o linterna y guardar silencio, porque era de noche y había que dormir…

Tal vez mi tercera razón sea bastante física y se deba a que en uno de esos campamentos colegiales (creo que fue a Chocas, en el valle del río Chillón), llegamos al terreno, plantamos nuestras carpas en un lugar que parecía idóneo y al llegar la noche y estar ya en ese momento en que el sueño va venciendo a la vigilia, escuchamos los gritos de los que “hacían guardia” y de pronto estábamos en un campo anegado, con agua que lo invadía todo.

Meter en las mochilas, a toda prisa y como sea, lo sacado de ellas, levantar las frazadas mojadas y chapotear en la oscuridad en busca de una parte seca, puede sonar gracioso si se cuenta, pero para los protagonistas, maldita era la gracia que hacía en  ese rato.

Apiñados en un pedazo seco, decidimos olvidarnos de carpas y otras cosas, poniéndonos de acuerdo para ir a rescatarlas cuando hubiese luz que permitiera ver.

Amaneció y no hubo desayuno. No hubo nada de nada, salvo cosas mojadas, mala noche y eso sí: curiosidad.

¿Qué había pasado?:   nada, que habíamos puesto nuestras carpas en una zona donde habían removido la tierra para sembrar y por la noche fue regada por el simple expediente de desviar una acequia para hacerlo. Desavisados, nos metimos a donde no debíamos y el resultado fue un campamento al agua. Literalmente hablando.

Tal vez sea este recuerdo incómodo lo que no me hace un fan de los campamentos. Además, leer un libro prendiendo una linterna y sujetándola, echado en el suelo y con mochila en lugar de almohada, no es lo mismo que hacerlo echado en una cama, alumbrado por una lamparita y en la mesa de noche tener un vaso con agua por si es que “hace sed”.

Honestamente…

ALTIPLANO


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Hace frío. Mucho frío.

Estamos llegando a Puno, una ciudad para mí desconocida, de la que solo sé que tiene al Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, colinda con Bolivia y seguro que me va a dar “soroche” o mal de altura. Al final soy un limeñito del nivel del mar y lo más lejos que he ido y la mayor altura que conozco es Arequipa.

Ahora vamos a pasar con unos amigos y el P. José Luis Rouillon S.J., profesor del colegio, una temporada trabajando para una comunidad local.

Nos hospedamos en la “Granja Salcedo” y nos recibe el P. León, salesiano y práctico. Nos asignan los sitios para dormir esa noche y las siguientes mientras dure la estadía. Allí vamos a vivir unos días que serán imborrables. De esto hace cerca de 50 años.

Estamos en Puno, pero lejos de la ciudad y después de una noche de acomodos climáticos y sueño ralo, nos mojamos en un símil de lavado en un agua que parece sacada de la refrigeradora; desayunamos, con el consejo de comer poquito; el café caliente nos prepara para ir a la comunidad de Tiquillaca, nuestro destino. Llegamos, nos presentan y se decide que lo que haremos es ayudar a los comuneros a construir un muelle. Ayudamos es la palabra, porque el verdadero trabajo lo están haciendo ellos.

Nosotros cargaremos y acarrearemos piedras para irlas amontonando en el borde del lago, en la parte que ya limpiaron de totora. Cargar y acarrear piedras parece fácil y requiere un poquito de fuerza nada más, pero hacerlo, a 3,885 metros sobre el nivel del mar, cuando uno respira rápido porque falta el aire y la altura “cobra su peaje”, es una verdadera tarea.COSECHANDO TOTORA TITICACA

Vemos como los comuneros levantan sin esfuerzo las piedras llevándolas en brazos para ponerlas en su sitio y nos parece ver a una legión de Supermanes  que sonríe. Como somos limeños no nos podemos dejar y nuestro orgullo magullado hace que tratemos de igualarlos, con el resultado de cansancio, mareos, nublada de vista y ese sentir que “uno se va”… ¡ya sabemos a dónde!  No podemos: nuestro ritmo es un décimo o menos que el de ellos y nos tenemos que conformar con acomodar piedras minúsculas, de esas que se hunden en el lago y no sirven de nada. Los Supermanes no se burlan de nosotros y tratan de hacer que nos sintamos cómodos. Tratamos de sentirnos así a pesar del “soroche” que nos inutiliza para todo lo que no sea tratar de respirar.

No abundaré en las incidencias de un primer día en el que no almorzamos, tomamos el mate de coca que nos daban e hicimos el ridículo a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar.

Los días pasaron y nos fuimos acostumbrando a la altura. Acostumbrando,  es un decir, porque aunque soportábamos mejor el ejercicio, nuestra contribución al muelle seguía hundiéndose inocua en las aguas del lago. Fue una época en que nos sentimos bien, porque aunque no hubiese ningún resultado visible de nuestro trabajo (del de los Supermanes sí), era una contribución que dábamos con gusto.

Nos ofrecieron ir en una patrullera de la Marina, hasta la isla de Taquile, en el lago. Allí fuimos y por lo que veo ahora, el punto de más altura de esa isla está por encima de los 4,000 metros. Pasamos el día visitándola y caminando despacito… ¡nosotros los “aclimatados”! Al regreso, después de un rato de navegación, comenzó a llover y se desató una tormenta con granizo, lo que para nosotros era algo nuevo. Claro, lo malo es que la patrullera tenía una cabina cubierta donde no cabíamos, o sea que nos acomodamos en la cubierta (no la de la cabina), soportando unos trozos de hielo grandes como pelotas de golf irregulares que llovían de un cielo encapotado donde el viento soplaba como loco.

¡Nunca había visto algo así y creo que mis amigos tampoco!PATRULLERA

La patrullera se balanceaba y en el lago las olas eran amenazantes: imagínense una taza con agua que es agitada violentamente y claro, el agua no tiene para dónde ir. Estábamos en medio de una inmensa taza de agua a merced del viento y las olas que levantaba este, además del granizo que caía y los rayos que bajaban como flechas luminosas, sin contar con los truenos que retumbaban tremendos.

Mojados y soportando las piedras (porque eso era el granizo), nos pusimos a contar los rayos que caían, haciendo competencia, repartidos, sentados en cubierta a babor y a estribor. Estoy seguro que esa competencia era para espantar el miedo que teníamos.

De pronto el motor de la embarcación tosió y se detuvo. De nada valieron los intentos de ponerlo en marcha: “Hay agua en  el tanque”, nos explicaron. Eso quiere decir, pensé, que estamos a la deriva y que lo mejor era comunicarse por radio para que vinieran a remolcarnos. “No podemos, porque si quitamos el capuchón de jebe a la antena, nos puede caer un rayo”. No sé si lo dijeron por asustarnos más, pero ahí estábamos, a la deriva en el lago más alto del planeta y con una tormenta de órdago encima…

Pasaron unas horas de verdad angustiantes, hasta que alguien vio a lo lejos una embarcación que se acercaba. Un rayo de luz blanca nos llegó y supimos que era otra patrullera: ¡habían salido en nuestra búsqueda!

Nos contaron después, que preocupados por la demora y la falta de comunicación, habían pensado que los contrabandistas, que hacía poco habían atacado a otra patrullera,  lo habían hecho con la nuestra, fondeándola.

Esto nos lo contaron al llegar al puerto y ver que la nieve se acumulaba demostrando que había sido una tormenta inusualmente fuerte: ¿Fuerte? ¡Terrible! Especialmente para unos citadinos limeñitos, que la recordarían como la Madre de todas las tormentas.

Lo demás, es en realidad lo de menos.

El regreso a Arequipa, lo hicimos en tren, de noche, en un vagón (de tercera, supongo) que tenía vidrios faltantes en las ventanas y donde hacía tanto frío que estábamos acurrucados en el suelo, abrazándonos para darnos calor y compartiendo una “chata” de pisco innombrable que además de quemar nuestras gargantas, nos hacía la ilusión de calentarnos por dentro.

¡Ah, me olvidaba!, el P. León, que un tiempo después dejó de ser sacerdote, nos contó una noche, que había organizado un grupo defensista, que se llamaba “Los corderitos del Niño Jesús”.

Cosas de un altiplano evidentemente violento y de hace como 50 años…

 

 

Todas las fotos son referenciales y no sISLA TAQUILEon exactamente lo que vimos/vivimos.