“TE LLAMA UN DELINCUENTE”


hot line

De pronto suena el teléfono y una voz pide ayuda y parece que es tu hijo, hija, sobrino o alguien muy cercano. Generalmente la llamada entra a una hora en que es raro que te llamen, lo que le agrega urgencia al pedido.

Es una modalidad que ya es vieja de estafar a la gente.

Si reaccionas y te toca en suerte que no tengas un hijo o hija, cuelgas. De otro modo, la preocupación hace que caigas en la trampa, digas más de la cuenta (des información que para tu interlocutor es útil) y te conviertas en una víctima.

Te pueden decir que llaman de una comisaría, de un hospital o cualquier otro sitio que suene a emergencia. Te van a sacar plata y conocen muchas maneras de lograrlo. Lo peor es que tú vas a colaborar con tu atolondramiento.

Hay muchas formas de conseguir tu número telefónico y este puede ir a parar a cualquier mano. “La delincuencia no descansa ni duerme” es una realidad.

El delincuente se gana la vida siéndolo. Para él es un “trabajo” al que se aboca con el fin de conseguir dinero. No hay que subestimar el ingenio que el delincuente tiene, ni tampoco la candidez de uno. Esta combinación es fatal… ¡para nosotros!

Esas llamadas pueden provenir de una cárcel, de un celular robado, de un teléfono público o de un número difícil de ubicar, pero lo que es seguro es que se trata de una estafa y tú eres la víctima.

¿Cómo evitarlo? Estando alerta. Sabiendo que eso puede ocurrir. Que el delincuente no tenga tu colaboración, depende únicamente de ti.

Si un delincuente te llama: ¡cuélgale!.