RESPONSABILIDAD


RESPONSABILIDAD1

La epidemia de Ébola no solo es una amenaza mortal  que extiende rápidamente sus mortíferas y aterradoras garras sino que parece ser una jugosa “noticia”. Una noticia que muchos medios nacionales tratan de modo ligero y sensacionalista, sin medir (aparentemente) las consecuencias que esto tiene para la población.

Nadie puede negar la importancia demoledora que el tema tiene, pero me parece que esos medios en lugar de contribuir a una calma necesaria, hacen crecer lo que es el natural temor del público.

Es un hecho que el Perú no está preparado para afrontar un reto así con éxito. Se carece de lo elemental en salud para lograrlo y se desconocen (o están mínimamente difundidos) los protocolos necesarios para tratar esta enfermedad. Es una una responsabilidad que compete al Estado, que debe tomar cartas inmediatas en el asunto, no solo “vigilando fronteras” como parece que precariamente se hace, sino destinando los fondos necesarios para implementar las medidas de emergencia sanitaria del caso.

Lo que no puede ser es que salga un médico en los medios a decir que el Gobierno en vez de desarrollar una millonaria campaña publicitaria “contra” los médicos, debía destinar ese dinero para corregir las carencias sanitarias que nos hacen vulnerables.  Eso se llama sacar rédito y creo que con la salud no se puede jugar.  La responsabilidad del Gobierno no puede hacer que un médico aproveche y para ello contribuya a sembrar el pánico y que algún medio contribuya. Repito que no se trata de ocultar, sino de actuar responsablemente.

El Ébola es virulento en algunas regiones de África y por su ubicación geográfica el Perú parece estar lejos, pero el mundo es pequeño y con las facilidades de desplazamiento que tienen las personas, hay que redoblar las precauciones.

Precaución sí y medidas necesarias; pánico no.

El pánico obnubila e impide actuar correctamente. No se puede, no se debe azuzarlo; el pánico es tan mortal como el Ébola e igual de contagioso.

Sería irresponsable, asesino y suicida, ignorar la realidad de la epidemia y minimizar por completo sus consecuencias. No se trata de no informar: hay que hacerlo de manera que no se genere pánico.

El Ébola no es una “noticia”, es una desgracia contra la que la humanidad debe luchar.