LA ISLA DE ROBINSON


ISLA

Esto no tiene nada que ver con la magnífica novela de Arturo Uslar Pietri (1981), sino con la “política” local.

Resulta que en el congreso se ha archivado un tema que involucraba a un ex presidente de ese disminuido organismo (reducido a corpúsculo) y a la jefa de gabinete de asesoramiento técnico del parlamento, nombrada por él mismo.

Documentos con la relación de curiosos viajes conjuntos a diversos eventos, pagados con fondos públicos y alguna fotografía “decidora” de los dos, que el semanario “Hildebrandt en sus trece” publicó (15 de agosto), no son prueba ninguna para la comisión de ética que ha decidido encarpetar el asunto y dar la callada por respuesta: ¡punto a favor!  Así los otorongos suman una mancha adicional sobre la piel y siguen tan campantes. Han preferido no sacudir la alfombra para que no haga polvo, porque es mucho el polvo que tiene esa alfombra.

Alguien diría que al congreso se le han prendido todos, pero lo que resulta triste es que sus integrantes, no todos, por supuesto, o son bobos o es que nos creen ídem. Están seguros que no pasará nada porque son un poder, porque unos a otros se protegen; porque el otorongo no se come a un congénere. Mientras tanto en su Isla viajera, Robinson ríe.