SIN VALOR ALGUNO


 

TIRO

Atraparon a tres adolescentes que iban a matar a una mujer. Todos los medios en Perú lo han publicado y se ha comentado extensamente, recabando la opinión de especialistas. El hecho de por sí no solo es chocante y parece salido de una mala novela, sino que retrata una realidad que no queremos ver y que sin embargo es común.

El hecho salta a los titulares, porque en un país donde el sicariato resulta cosa corriente y una manera de ganarse la vida que los asesinos por encargo sean menores de edad, hace sonar un timbre de alarma sobre el modo como construimos la sociedad. Se dirá hasta el hartazgo que lo sucedido no es posible en una sociedad que se tome por tal; que los culpables son los padres, la situación, el desamparo, la ambición, la falta de escrúpulos… Todo está bien y es cierto, pero la raíz, creo yo, es la falta de valores que poco a poco nos invade. Si el valor supremo que es la vida no vale nada o “un sencillo”, no habrá ningún otro del que echar mano.

Ni las penas más duras arredran a quienes infringen la ley y el tema de hacerlo no es privativo de los delincuentes comunes. Lo vemos a cada rato. Somos testigos de un veloz desmoronamiento que no distingue nada.

Los adolescentes-sicarios son un síntoma de la tremenda enfermedad que sufre el Perú: se ha desvalorizado todo.

Es algo que debemos enfrentar porque el asunto no da más. El médico nos dirá que el remedio está en nosotros y aunque la curación sea lenta y trabajosa, hay que empezar ahora.  “Sembrar valores” tiene que dejar de ser una frase y convertirse en algo cotidiano y general. Cada uno de nosotros, los peruanos, tiene la responsabilidad de hacerlo.

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