Lo que viene siendo la güeva mexicana


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La güeva sirve para muchas cosas, se acomoda a múltiples contextos y es la mejor excusa para evitarnos hacer lo indeseado tanto en la oficina (aunque ahí se disfrace de “exceso de trabajo”) como con la familia, los amigos o la pareja. Como buena mexicana, eso lo tengo claro desde siempre. Lo que sí me resultó innovador en este texto de Pepe Rojo publicado por NitroPress fue el carácter filosófico profundo de la güeva, ese que nos hace entender que como el destino humano es siempre desear algo más, da lo mismo que liguemos ahora o después, salgamos esta noche o mañana, comamos ahorita o al rato. Aquí va:
“Güeva es un útil mexicanismo que describe un estado particular de pereza. Se malescribe con ‘g’ para denotar el uso impropio, vulgar. Es una grosería, mas no un insulto. Es, como la describe un amigo (practicante, por cierto), ‘una pesadez en…

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EL PREDESTINADO


LUZ

Hay quienes creen que su futuro está trazado, que los hados han dicho su palabra y que el destino se puso a su servicio. Están absolutamente seguros que los dados ruedan a su favor, que la ruleta premiará el número que les toca y que el cuy de la tómbola entrará en la casilla a la que apostaron.

Ganaron de antemano y no se resignan que el cuy elija un número distinto, que la ruleta se detenga antes y que los hados se mantengan callados. Van a hacer lo imposible para que no les “roben” la victoria, para lograr a troche y moche salirse con la suya. Moverán cielo y tierra, acusarán, apelarán, se quejarán e ignorarán olímpicamente y con desprecio la decisión que los “despoja” de la oportunidad de perpetuarse.

Van a desconocer lo que les sea adverso y no se van a detener ante lo que consideran son “minucias”, ni ante las denuncias que  ellos califican de “envidia

A ellos, a los predestinados a continuar ejerciendo una alcaldía –a ser burgomaestres- , a los que su apellido es el nombre de una ciudad (¿no ven?: premonición), no les van a venir con “cositas”, ni a decirles que no pueden jugar.

Menos les van a hablar de decisiones que son irrevisables, porque (exhiben un cartón) son abogados y dicen saber que “su derecho” no se puede cortar.

Son los “invencibles” y creen que nada ni nadie los va a poder tocar. Siguen imperturbables, impertérritos, impávidos, inmunes a cualquier cometario o crítica adversa parecen muy confiados y se sienten por encima de todos y de todo hasta que se encuentran de bruces con la realidad.

La triste realidad que les dice lo que decían todos y ellos se negaban, tercos, a escuchar; les ha dicho que basta, que el tema no va más. Muy pronto serán solo un pasado, un mal sueño, un hipo y poca cosa más. Ahora no son nadie y pronto desaparecerán.

El Destino, no tiene favoritos, es una película de Salvador Velarde y una gran verdad.