LA PECERA Y LOS DÍAS.


PECERA

Desde ayer estamos estrenando mes: setiembre y una voltereta hacia fin de año. Setiembre rima con noviembre y diciembre. Estos trescientos sesenta y cinco días que teníamos al principio del 2014 y que llenaban el cuenco exiguo de nuestras manos escapándose en futuros y chorreando posibilidades, ahora es un modesto charco que con cada día que pasa va evaporándose.

Pasa el año; camina hacia su final más aceleradamente de lo que quisiéramos. Con más velocidad.

En el fondo del charco de los días que quedan están moviéndose lentamente posibilidades y futuros, como esos peces pequeños que atrapábamos en las acequias cuando éramos chicos y que luego en un pomo, convertido en mágica pecera, eran imaginarios grandes peces de las profundidades, hasta que un mal día amanecían panza arriba, flotando muertos, junto a unos sueños y unas esperanzas.

Quedan aún los días: quedan las esperanzas y los sueños. Procuremos que vivan en esa artesanal pecera que atrapa las aguas de setiembre a diciembre. Aunque sean chiquitos, que los sueños y esperanzas se cumplan. Serán peces hermosos.