¿SER CANDIDATO “CUESTA”?


DINERO

Parece que “poderoso caballero es don dinero” también cuando se quiere postular a un cargo político.

Los “cupos” para llenar alguna plaza variarán de acuerdo a la importancia de esta y a lo “rentable” que se la considere.

Si no hay dinero para comprar el espacio, el “negocio” no funciona. Esto es lo que las noticias en mayor o menor grado nos informan en una época donde la fiebre electoral aumenta, las ambiciones campean, los precios suben y la vergüenza desaparece en aras de un “sacrificado esfuerzo” por la ciudadanía.

Me pregunto, como la mayoría ¿por qué tienen que poner dinero los candidatos? ¿Es que piensan “recuperarlo” de alguna manera? Una candidatura es vista como un asunto puramente económico: sí, un negocio; “doy tanto, saco tanto”. No solo saco un sueldo seguro, sino todo aquello a lo que el puesto y el poder otorgado a este (o simplemente asumido) permitan llegar. Somos testigos de la ocurrencia de esto en reiteradas oportunidades, en todos los niveles, con las “autoridades” elegidas. Me dirán que exagero, que una golondrina no hace verano y que la política no es así y tienen toda la razón porque esa no esa política. Es una transacción económica ilegal.

Seguramente argumentarán que el dinero es “para los gastos de campaña” y todos tan tranquilos.

Cuando alguien denuncia que le cobraron “cupo”, que lo ningunearon porque no tiene la plata que pedían o acusa a algún “dirigente” de engañarlo y robarle, inmediatamente se oye el rasgar de vestiduras, las negativas enfáticas y en el peor y más apurado de los casos, las promesas de una “investigación exhaustiva” que pronto será ocultada bajo un montoncito de tierra como hacen los gatos con sus deposiciones.

Vienen las elecciones: la temporada de negocios en política.

Negocios iniciales, acomodo: lo grande va a venir después.

No todos los políticos son corruptos, pero la institucionalización manifiesta que hace mayorías, los vuelve tan difíciles de hallar como la célebre aguja del pajar.