OLVIDARSE


OLVIDO

Todo el mundo se olvida de algo alguna vez por lo menos.

Cuando eso pasa a menudo, decimos que tenemos mala memoria, le echamos la culpa a la falta de concentración y cuando con la edad sucede a menudo, no nos acordamos por qué es.

Esto que ocurre, generalmente es por falta de ejercicio… mental. Somos en general bastante flojos y nos conformamos “con lo que hay” sin darnos cuenta que poco a poco las cosas que antes importaban, se diluyen hasta quedar convertidas en nada.

Es cierto que hay personas que usan el olvido como excusa y “se olvidan de todo”, esquivando de esta manera las responsabilidades: todos saben que en un olvidadizo no se puede confiar.

Pero de un tiempo a esta parte, de repente aparecen pequeñas lagunas en mi mente, que por lo general son subsanadas. Lo que me preocupa es que se vayan perdiendo cosas que son importantes para otros o para mí mismo. Sé que esto no es nuevo y resulta natural, pero cuando hay una “laguna” aunque esta sea solo un charquito, me preocupa. Podría, como dicen, tirarme el alma a la espalda y no darle importancia, pero me preocupan esos hiatos, en los que parece que se hiciera una especie de silencio.

No es que pase a menudo y su ocurrencia es mínima, pero sucede y me doy cuenta de ello. Felizmente: lo que sí sería tremendo es que ni siquiera lo notara.

Así las cosas, es que he decidido escribir sobre esto, no sea que más tarde me olvide: nadie sabe lo que va a suceder.

Por si las moscas llevo el DNI en mi billetera, pero ahora que me doy cuenta, tiene la antigua dirección. Debo cambiarla, porque si salgo puede ser que me olvide como regresar y me pierda. En realidad salgo muy poco y nunca lejos ni solo. Alicia sabe cómo volver.