¿EL CHOCLO SE DESGRANA?


 

CHOCLO

Cada vez va quedando más pelada la mazorca.

Una vez más, con razón o sin ella, la banca del Gobierno ha mermado y los que ya se fueron denuncian hostilización “montesinista” (¿un tic o una realidad?). Pero es que algo pasa, cuando la mazorca parece estar en camino a convertirse en marlo.

No sé bien si es un síntoma de los tiempos que corren, los granos eran débiles o buscaron integrar su “pepián de choclo propio”. El resultado es que se va complicando la tan mentada “gobernabilidad” y un barco a la deriva, sin gobierno, podría estrellarse contra las rocas empujado por una mar movida, como la de estos días.

Gobernar, lo han dicho en todos los tonos, no es tarea fácil, sobre todo si las ideas se confunden y se da más valor a lo accesorio, aplazando o pasando al olvido lo importante. Lo importante, que es lo que produjo votos y alimentó esperanzas. Lo importante, que es lo que aglutinó y produjo una mazorca plena.

Esta parece ser hora de despedidas y rencores; la vieja conocida como “hora de los loros”. Van saliendo uno a uno los alumnos antes que toque la campana, el aula se vacía y el maestro se queda solo, pensando que algo malo dijo.

El choclo desgranado, las carpetas vacías, símbolos bien corrientes de lo que está pasando. Si pasa en el congreso, donde al final son pocos, no quiero ni pensar que es lo que está pasando en todo mi país.

SIMPLEMENTE, NO QUIEREN.


COMBIS EN LIMA.

Parece que todo sigue igual…

Un número de transportistas se opone a la regulación del tránsito en la capital, al orden y a la lógica. Y lo que es más que increíble, es que hay alguna “autoridad” bastante cuestionada que los apoya y usuarios que no quieren caminar ni un poquito que aplauden. Así las cosas, se trata de bloquear calles y protestar, mejor si hay cámaras de tv. ¿Y el orden público, el público…?: ¡que se jodan!

Una parte de Lima está feliz con el caos y aprovecha para medrar con el desorden. Una parte de Lima quiere seguir deteniéndose a mitad de la cuadra, hacer carreras para ganar pasajeros, bajar en cualquier esquina, driblear a los vehículos como si fuera fútbol (los “Messi” del asfalto), viajar como sardinas enlatadas, soportar los insultos y desplantes de “cobradores” y  “choferes”: una parte de Lima, transportistas, usuarios y alguna “autoridad” dice que “así está bien”.

Hay una parte de Lima que maneja sin brevete, se ufana de tener papeletas añejas e impagas, sonríe cuando ve en los medios sus “hazañas” burlando policías y matando a la gente.

¡No dejan trabajar!” es el reclamo y “es que estoy trabajando…” la justificación. Una parte de Lima quiere seguir viviendo en la basura. Es terrible, pero es que esa parte, está por todas partes en Lima.

¿SE MALOGRÓ EL MILAGRO?


 

ESPINAS DE PEZ.

Todos los comentarios de quienes entienden algo de esto, dicen que sí. Que el “milagro” que significaba crecimiento económico y posibilidades sociales en el Perú, se pasmó. Y varias voces vinieron advirtiendo hace tiempo, que dormirse en los laureles no era bueno, que demostrar “excesiva confianza” iba a traer problemas, que…

Sin ser agoreros o pronosticadores de desgracias, vieron venir el tren y avisaron. Pero parece que hubo alguna distracción y –o no se hizo caso- o se estaba mirando a otro lado.

De  pronto se dictaron medidas y se armó el revuelo: esto no es lo que era o creíamos que era. ¿Y ahora?

Por un lado dicen que lo que se hace está bien, pero un poco atrasado; por otro, echan la culpa a la improvisación, a esa “excesiva confianza” que no “contaba con la astucia” de las circunstancias bien poco favorables. La realidad es que la realidad es real. El “milagro” que multiplicaba los panes y los peces de manera asombrosa, no había sido tal, sino una ilusión óptica: una lente de aumento que agrandaba los números. La realidad real parece haber llegado y las fanfarrias se vuelven soniditos. De pronto un país en desarrollo descubre que si quiere crecer, no basta con quererlo. Descubre que hay mucho por hacer, que los pantalones que debieran ser largos, quedan cortos.

Lo único que queda es ajustar los cinturones, pero no para ese mítico, soñado, hipotético despegue, sino para que no se desperdiguen los cadáveres. Habrá sobrevivientes, porque el país es ducho en salvar crisis y el peruano convierte un lamparín en la estrella de oriente. Pero díganme francamente: ¿no es hora de aprender o es que hay gato encerrado?

ALEGRÍA


GARFIELD ALEGRE.

Anteanoche recibí una llamada telefónica que me llenó de alegría. Era una antigua amiga (si pongo “vieja amiga” me corro el riesgo que me diga “vieja será tu ropa interior”) con la que hablo de cuando en vez, con quien no nos vemos hace bastantes años, pero mantenemos contacto (esporádico también) por Facebook.

Llamó para decirme que a ella y a su esposo les gustaba lo que escribía y publicaba en el blog y en “Código Comunicaciones”. Me pasó a su esposo de inmediato, quien hizo que me ruborizara a punta de comentarios que a mí me sonaron a música. No supe decir mucho, porque por lo general escribo mejor que lo que hablo (escribiendo me doy tiempo para pensar y corregir, lo que es casi imposible en una conversación. Conversar es un arte) y hablamos, ella, él y yo de otras cosas. Al colgar me quedó una energía extraña y traté de seguir escribiendo, pero cerré la computadora y me puse a pensar en lo bien que me sentía y en la maravilla que me había sucedido. No todos los días te llama alguien que te ha leído para decirte eso, que te lee y que le parece bueno lo que escribes: es muy hermoso y estoy no solo agradecido, sino feliz.

Escribo lo que pienso y muchas veces la forma no hace justicia al fondo: no expreso bien lo que quiero decir. Pero trato. Y ese tratar me da alegrías como la de anteanoche.

¡Gracias Mariel y Carlos por leer y ser amigos!

 

¿ARROZ CON PATO? (¡cambio en el equipo!)


ARROZ CON PATO

 

A veces esto parece un partido de fútbol.

Lo que sucede es que la reemplazante del primer ministro ha corrido la cancha varias veces y con distintos números. Al parecer no hay buena banca de suplentes o “no se cree conveniente emplearlos”, aunque el presi (hasta ayer) del congreso sea un “caserito” y haya más salidas magulladas y entradas “fresquecitas”.

Hasta aquí lo similar con el “deporte rey”.

El gobernar no es un juego y a pesar de los innegables aciertos, lo que se nota más es lo que no está tan bien, está mal o simplemente no está. Se nota, porque a diferencia del fútbol las consecuencias son peores que un “foul”, la baja o una suspensión. Las consecuencias afectan hasta a los que no se han dado cuenta que los afectan. Afectan al futuro, al bolsillo, a la credibilidad, a la familia, al trabajo. Afectan al Perú y a los peruanos, dentro y fuera.

En otras partes a gobernar se enseña, aquí se aprende en la práctica; de otro modo no se logra explicar ese ir y venir desconcertado que hace más actual que otras veces la frase de Basadre.

Sé que es muy fácil hacer “jugadas de café” y opinar. Que lo  difícil es estar en la cancha, correr todo el partido, hacer goles, aguantar y ganar. Eso requiere entrenamiento; no es cosa de “estrellas”, de compadres, ni de los bienintencionados de siempre.

El problema es que el pato, en este caso, lo pagamos todos. ¿No quieren más arroz o un “reprise” del mundial?

ESQUEMA FÚTBOL EQUIPO

 

OBLIGATORIO


PLAZA SESAMO.

No sé por qué la palabra “obligatorio” me cae mal.

Debe ser porque siento que nadie debe hacerlo con nadie; supone  que hay que forzar a alguien para que haga algo y esto sucede contra su voluntad.

No me parece que haya un voto obligatorio, que exista el servicio militar obligatorio y que se obligue a ahorrar para la vejez a  los peruanos.

Esto debería ser potestativo. Estoy seguro que el argumento será: “si no fuera obligatorio nadie lo haría”. Estúpido argumento que considera a los peruanos seres sin capacidad de discernimiento. Pobre argumento de los que creen en un “papá gobierno” autoritario y que los peruanos somos unos menores de edad irresponsables.

Me parece que no andamos en épocas de tiranía cuando la obligatoriedad es obligatoria y su incumplimiento punible.

Vivimos en una democracia, donde debe privar la libertad; lo que sucede es que parece que solo al sentir tocados los bolsillos se protesta. Pienso que el tema es mucho más de fondo y que implica más de lo que se cree.

La obligatoriedad ofende a la razón. Por lo menos así lo creo.