CARPETAS


CARPETAS ESCOLARES

El escritorio de un escolar es su carpeta.

Las hay de todos los tipos: de madera, de metal y madera, de metal solo y con tablero forrado en fórmica. También hay, desgraciadamente, aquellas en las que un ladrillo  sirve de asiento, mientras las piernas hacen de inestable e incómoda mesa…

Pero yo tuve la suerte de estar en un colegio donde cada uno tenía su carpeta, que se alineaba en filas que por lo general, al final de la clase eran una “carpétea” mescolanza.

Mis primeras carpetas o “pupitres” como les llamaban nuestros profesores españoles, eran de madera, recorrida por generaciones precedentes de alumnos y la parte superior (donde uno apoyaba) tenía dos bisagras y era la tapa que ocultaba un interior lleno de cuadernos, libros de texto, papeles, papelitos, algún clip, lapiceros, lápices, escuadra, regla y un transportador semicircular que nunca supe para qué servía y con el que dibujaba primorosos arcos.

La carpeta tenía en la parte de arriba una hendidura para colocar el tintero (vestigio de otras épocas anteriores a la pluma fuente o “lapicero de tinta mojada” y al bolígrafo, al que también se conocía como “lapicero de tinta seca”) y otra hendidura rectangular para poner la pluma.

Cada vez que el profesor decía “saquen el libro” un concierto de tapas de carpeta atronaba la clase y con gritos, reprimendas y a veces, por repetido, castigos a las seis de la tarde.

Una vez, no recuerdo qué año, las carpetas eran de metal y madera (con tapa, por supuesto). De metal era la caja con una CI  cruzada y en relieve, unidas una a otra en filas inamovibles e indispersables, por listones largos de madera que el tiempo y los zapatos de miles de estudiantes anteriores habían desgastado. Eran carpetas “raras”, nuevas para nosotros, pero seguro antiguas y testigos de épocas en las que el mobiliario del colegio estaba “personalizado”.

Por un año tan solo fueron “nuestras” carpetas, porque después, al cambiarnos de grado, tuvimos otras que eran fijas y debajo del tablero tenían un hueco para albergar los libros y cuadernos.

Las carpetas también servían de vehículos en los que, cuando no había vigilancia, nos desplazábamos, con esfuerzo es verdad, por sobre las losetas de la clase.

Alguna vez, cuando éramos pocos y ya grandes, eran mesas individuales los puestos de trabajo, pero por lo común, las carpetas, con sus distintas formas, acompañaron nuestra vida escolar.

¡Esta no es mi carpeta!”: era el reclamo, cuando alguna limpieza había alterado el orden que tenían y de inmediato la búsqueda de la propiedad perdida, empezaba, haciendo la mayor de las bullas.

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Carpetas de colegio: más que un mueble corriente, pedacitos de vida. Pedacitos de infancia que no va a regresar, aunque a veces quisiéramos que vuelva.

 

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

2 comentarios en “CARPETAS”

  1. Eres alguno de ellos, o solo estás sentado en el pupitre del recuerdo. Así le decíamos o banco. La escuela pública lleva túnica blanca y una gran moña azul. Por un tiempo la moña fué más grande que mi cara.
    Gracias por compartir.
    Un abrazo y hasta pronto.

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