RAFAEL ARÁNDIGA S.J.


ARANDIGA.

Fue mi primer subprefecto en el “colegio grande”, cuando pasamos a cuarto de primaria. Era el encuentro con el embajador de un mundo nuevo. El hermano Arándiga (lo llamábamos por su apellido) era español, gordo, no muy alto, fotógrafo, profesor de inglés y responsable del servicio vehicular, las “góndolas” de colegio. Tenía ojos azules, Anteojos con sobrelunas verdes y nos dividió en clase: Roma y Cartago. Cada mitad tenía su bandera: una roja, la otra azul celeste y aprendimos a competir en todo.

En el colegio había misa diaria, a la que asistíamos todos y después, los que habían comulgado, podían tomar “el ladrillo”: una botella de Coca cola llena de leche chocolatada (decían que se hacía raspando los ladrillos del colegio, de ahí su nombre) que era acompañado de “chancay” (pan dulce que después del ayuno sabía a gloria).

El boleto, que era azul, se compraba en la portería al ingresar y tenía impreso el precio y la palabra  “A.M.D.G.” que se interpretaba maliciosamente como “Arándiga Murió Dando Gritos”.

Arándiga estaba en todas partes y era parte importante del colegio. Fotógrafo, como dije, llevaba en si la ocasión lo ameritaba, colgada al cuello su máquina de fotos y para las que lo necesitaban, usaba un “flash” portátil. Arándiga, en el colegio, era el  “fotógrafo oficial”; el anuario que solían entregar junto con la matrícula cada año, estaba ilustrado con sus fotos y son gratos recuerdos de una época alegre y sin mayores preocupaciones que algún “paso” o examen a la vista.

Crecimos y el Hermano Arándiga siguió al frente de la distribución de ómnibus. Ya no era nuestro subprefecto ni tampoco nos enseñaba nada puntual. Lo recuerdo, en alguna excursión lejana, en la primaria, como entonces se decía “cuidándonos”: está con una boina azul, la cámara de fotos, su sotana y unas botas marrones, como las que usábamos para los campamentos, con su pantalón de dril metido entre las “cañas”; riéndose y siendo uno más de ese grupo que a él, que vino del otro lado del mar, le tocaba educar.