SENTIRSE MAL


HUELLAS EN ARENA

Físicamente, salvo los achaques previsibles y una que otra secuela molesta, me siento bien. Pero anímicamente no.

Es curioso, pero a veces el cerebro se pone a mil y no hay nada que lo pare. Uno y otro argumento se amontona produciendo esa sensación extraña de vacío que nos llena.

Trato de razonar y rápidamente encuentro las causas de la desazón. Son, si las comparamos con otras, seguramente pequeñas, pero las veo inmensas, amenazantes, complicadas. Trato de convencerme que la solución es sencilla, “que todo pasará” y recorro una y mil frases que debieran ser tranquilizadoras, pero el vacío raro sigue ahí. Como en el cuento de Monterroso: “Despertó y el dinosaurio seguía ahí”.

Definitivamente, “debería” estar bien completamente y dar las gracias por eso, pero hay una parte mía que no parece atender las razones y el sentimiento continúa. Tal vez sea una señal de alerta; no lo sé. Solo que a veces uno se siente mal y no puede echarle la culpa a que “se estará resfriando”.