PRIMERA PLANA


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No es una película, sin embargo todo parece estar en primera plano, en primera página; ser importantísimo y requerir atención inmediata. Todo, absolutamente todo, se atropella y trata de estar en lugar preferente de la “agenda”: desde el último lío de farándula, pasando por los asesinatos que ocurren cada  día, la huelga de los médicos y las que “también vienen”, el mundial, la popularidad de Ollanta, las elecciones en Colombia, “el Niño” que amenaza, y en general aquello que nos gritan los medios. Porque los medios gritan sus “noticias” y el ciudadano navega en el mar tormentoso de los días dando fuertes bandazos y rezando porque la luz de un faro brille en la oscuridad y lo guíe. Lo que debería ser un exponer de hechos y pensada opinión, contrastable, se convierte en el caos, una cacofonía que aturulla. Por lucrar, se da gato por liebre, por gritar se exagera y se calla en todos los idiomas si el tema no es “vendible”. Lo que debiera ser opinión se convierte en trifulca y de quienes se espera información y mesurado consejo, llevan agua para ciertos molinos que procesan harinas infectadas.

¿No leer, no escuchar o no ver? ¿Aceptar la cacofonía y el caos? O tal vez sea hora de exigir que los medios informen y que den su opinión. Que no vengan a “vender” las “noticias” como una mercancía. Que no hagan de la crónica roja un negocio rampante ni ofrezcan la rosada como una realidad. No es mucho pedir, o sí…: depende quien mire. ¿Resulta tan difícil guardar las proporciones?

“PROMETER, PROMETER… HASTA METER. UNA VEZ METIDO, OLVIDAR LO PROMETIDO”


CORTE DE MANGA

Las “promesas” que se hacen muchas veces terminan, groseramente, así. Estamos acostumbrados por desgracia a escuchar ofrecimientos que después no solo resultan incumplidos, sino que cuando se reclama, la respuesta suele ser: “yo nunca dije eso” o “me sacaron de contexto”. Así, de esa manera vivimos, creyendo esperanzados, para provecho de alguien.

La política está llena de esas falsas promesas que se enuncian con la finalidad de “llegar”; de obtener los votos necesarios que permitirán hacer “chichirimico” de sueños e ilusiones.

Esto no es privativo de esta realidad peruana sino que se ve en todas partes. Sin embargo parece que aquí nunca aprendemos y los embaucadores se quedan sin castigo. Tanto, que muchas veces repiten el banquete con el respaldo de los damnificados. ¿Qué es lo que nos pasa? ¿Por qué será que creemos y creemos hasta que la realidad nos desengaña, solamente para que volvamos a ser crédulos? Curioso modo de ser el nuestro que, como los hámsteres cautivos, da vueltas infinitas metido en una rueda sin beneficio alguno…

Las elecciones vienen y volveremos a escuchar promesas y cantos de sirena. En realidad deberían sonar las sirenas de alarma. Que a las palabras no se la lleve el viento y la esperanza que no sea lo último en perderse. Bien dicen que la mona, aunque vista de sedas… ¡mona se queda!

 

TELEFONITIS


TERMOMETRO

Es un mal relativamente moderno, que se ha agudizado con la aparición y diseminación de los teléfonos celulares, hasta volverse una peligrosa plaga que puede (y de hecho lo hace) reclamar vidas: la “telefonitis” puede ser mortal.

La enfermedad que ha ido creciendo en todo el mundo y se transmite por contagio, emulación o simple monería. Muchas veces los afectados empiezan por necesidad de uso del aparato telefónico, para evolucionar en verdadera adicción, que parece incapaz de curarse.

Algo tan sencillo como hablar por teléfono puede devenir en esta actividad compulsiva que hace que la persona no pueda prescindir del aparatito porque sin él se siente desconectada, perdida, incomunicada.

Si antiguamente la enfermedad afectaba principalmente a mujeres (tías, madres, esposas, hermanas o primas) que podían pasar horas en conversaciones de trascendencia dudosa con el resultado de abultadas cuentas telefónicas a fin de mes o el corte del servicio por la falta de pago, la modernización trajo el teléfono celular y de tamaño ladrillo, funciones restringidas, poca potencia y elevadísimos costos, se ha pasado a una disminución en tamaño, multiplicidad de prestaciones y total ubicuidad. Miles de millones de personas en todo el mundo lo atestiguan; son usuarios-víctima y fervientes enfermos dispuestos a esparcir el contagio que engorda escandalosamente diversas billeteras, mientras mata de inanición a otras (más que las que engordaron).

En la actualidad con la difusión de los teléfonos celulares y sus posibilidades de uso que van desde hablar y recibir hasta comprar, pasando por una infinita gama de “apps” que permiten matar cerditos voladores, aprender el inglés, recibir el horóscopo diario, escuchar la canción “del momento” y lo que a los “desarrolladores” les parezca factible, no existe diferencia de raza, edad, género o religión: todo el mundo es pasible de contraer la enfermedad, que tiene como síntomas un ensimismamiento soberano, la gran dificultad de hablar con alguien cara a cara, pérdida progresiva del oído, calambres en los dedos de las manos y también pérdida de sensibilidad en el índice de la mano que ocupe el celular.

Se hace “vida social” por interpósito aparato y sin embargo las personas se quejan de “falta de contacto”.

Es una plaga tal, que el faraón de la historia hubiera dejado de inmediato salir a los judíos, si, vistos los estragos, hubiese sido la primera pandemia que dios le propinara.

¿Dónde dejé mi celular?

 

DÍAS DE RADIO


 

RADIO

Tomo prestado el título de una popular película de Woody Allen para este post, aunque solo tengan que ver  el medio radial y mis recuerdos.

Hace ya muchos años, yo también estuve consistentemente en la radio. Seguramente lo he contado alguna vez, pero lo que escribí  ayer me trajo a la memoria una época feliz, divertida y descubridora; esa infancia que se resiste a partir y que más bien parece acercarse conforme pasan los años…

Pues sí, cuando estaba en el colegio, participaba en un programa que mi padre hacía como parte de su contribución a la difusión de la fe católica. Él era presidente nacional de la Acción Católica Peruana y siempre nos dio el ejemplo de vivir conforme a sus creencias, aunque esto pudiera ocasionarle problemas con personas que no pensaban igual y no podían tolerar que Manuel Enrique pensara. El programa iba los viernes, por radio “Luz”, cuyo slogan era: “Luz y alegría en su hogar” y salía al aire gracias a la iglesia católica y a los pocos auspiciadores que supongo tenía (las cuestiones confesionales no parecen llevarse bien con la publicidad, no sé por qué). Radio “Luz” quedaba en la avenida Tacna y con un grupo de compañeros de clase íbamos primero donde “Mario”, para que mi padre nos invitara lonche y repartiera los libretos, con el papel que cada uno representaría. Se daba el trabajo de hacer copias a máquina de los guiones que él mismo redactaba y que eran como “estampas sonoras” que narraban la historia de Jesús, sus discípulos y su tiempo. Por supuesto eran adaptaciones de un libro que todavía conservo, que se llama “Memorias de un repórter de los tiempos de Cristo” del P. Coloma.

Mis amigos y yo nos sentíamos inmensamente importantes de participar en esto que hoy sería visto como una especie de protohistoria, aunque las radionovelas, con “El derecho de nacer” de Félix B. Caignet a la cabeza, habían arribado hacía algún tiempo a la playa del entrenamiento radial.

Nos sentíamos importantes porque “estábamos en la radio” y eso era cosa de grandes. Nuestras voces, evidentemente infantiles, daban vida a personajes que nos doblaban o triplicaban en edad, pero nos sentíamos muy bien, porque el programa recibía cartas y comentarios que mi padre compartía con nosotros y con la audiencia; también los radioyentes participaban en pequeños concursos y ganaban verdaderos premios, que mi padre compraba y que generalmente eran lapiceros o ediciones de la Biblia y de los Evangelios. Cada viernes “Pasa el Sembrador” significaba un suculento lonche, conocer un poco más de una época y unas gentes lejanas y ser protagonistas, por no decir “artistas” de… ¡un programa de radio!

Recuerdo con cariño aquellos tiempos en que mi padre en su máquina de escribir portátil “Hermes Baby” con cubierta metálica gris, los sábados, empezaba a teclear lo que sería el siguiente programa. Mi madre corregía la ortografía a la que él no daba importancia y después, hacia el martes, quedaban listo el guión con sus correspondientes copias, logradas gracias al papel carbón de color azul marca “Pelikan”.

El locutor oficial de la radio, que resultó ser un alumno de mi padre en la Universidad Nacional de Ingeniería (que desde entonces para mí fue “el ingeniero Vera”), daba pase después de la hora (7 pm) y la característica de la radio, a “Pasa el Sembrador”; el programa que significó todo para mí en ese tiempo y me permitió acercarme a la “magia” de los efectos especiales sonoros “en vivo”, a un manual de “BASF” sobre como producirlos y qué se necesitaba para hacerlo y a los que estaban grabados en discos que el operador elegía con anterioridad y ponía cuando era necesario. Aprendí que la palabra “cortina” no era la tela que se corría o descorría, sino que era la música usada en los intermedios. ¡Toda una ciencia y técnica para niños que siempre habíamos estado al otro lado del altavoz radial!

Cuánto extraño los guiones azules (siempre me tocaban las copias porque el original lo tenía mi padre, que era el conductor). Ahora, cuando repaso el libro de donde salían las historias “noveladas” siento que vuelvo a mi uniforme, a los lonches donde Mario, a la avenida Tacna de noche y al colectivo que de regreso nos llevaba a Barranco, donde comiendo, mi madre comentaba, yo contaba orgulloso cómo era eso de “hacer radio” y felices, íbamos a dormir.

 

EDICIÓN ESPECIAL


MICROFONO ARDIENDO

Ayer domingo, por la mañana, me senté a leer el periódico y puse el equipo de sonido para escuchar un poco de música. Por pura flojera no busque ningún disco compacto y apareció el sonido de una radio: dos locutores, evidentemente jóvenes conversaban y hacían bromas aludiendo a cosas de seguro muy graciosas pero poco entendibles, porque suponían (creo yo) una complicidad con ellos y el programa, que no tengo. Anunciaron de diferentes maneras que iban a empezar el día con un tema muy bueno y a continuación contaron la historia con aventuras y desventuras de la banda; pusieron la canción y no había pasado un minuto cuando la interrumpieron con comentarios elogiosos y más bromas; la canción continuó y acabó… Una fresca voz femenina que hablaba “rapidisísimo” como dice un comercial de la tele, saludó a los muchachos y a la audiencia, sumándose de inmediato al jolgorio radial y dominguero. Conversaron sobre lo que habían hecho en la semana, los tragos del sábado y otro montón de cosas de una trascendencia tremenda para ellos.

Después de un rato decidieron “pasar a comerciales” y vino una serie de avisos auspiciantes hechos “en casa” que trataban de parecer jóvenes y frescos, usando un lenguaje “coloquial” que yo no llegaba a entender por completo. “Son cosas de la edad” pensé y me sentí bien viejo, digamos que fuera de lugar. El “programa” siguió y entre risas y “datos” vino el segundo tema. Lo anunciaron, contaron anécdotas de lo que habían sentido cuando lo escucharon por la primera vez y continuaron comentando mientras el disco trataba de sonar y ser oído…

Busqué un CD, lo puse, retomé la lectura y se hizo la música. Pensándolo bien, habían alertado en el “programa” de la radio, que era una edición especial: “PREMIUN”, dijeron.

“ESO” FLOTA


SE DESCUBREN LOS HILOS…:

“Algo flota en el charco…”

LA EXTENSA RED MAFIOSA

Por: Fernando Rospigliosi.

 

La presión de la opinión pública, medios de comunicación y algunos políticos obligó a las autoridades a actuar y detener a varios de los integrantes de la red mafiosa del presidente regional de Ancash, César Álvarez.

La pregunta es: ¿Por qué no se hizo antes? ¿Por qué esperaron hasta que hubiera una docena de asesinados por razones políticas y cientos de millones desfalcados a las bien surtidas arcas regionales?.

La respuesta parece ser que la protección a Álvarez provenía de múltiples fuentes, algunas muy poderosas y encumbradas.

Un vínculo evidente y público es el que existe con Luis Castañeda Lossio. Heriberto Benítez, el principal agente de Álvarez en el Congreso, postuló en la lista de Solidaridad Nacional (SN), el partido de Castañeda, y no es casualidad que el color que usaba el presidente ancashino fuera el amarillo, el mismo que distingue a SN.

Tampoco es casual que el sobrino de Castañeda Lossio, Martín Belaunde Lossio, sea el dueño de Ilis Producciones, que realizaba las campañas televisivas de Álvarez en el local denominado “La Centralita”, en Chimbote, donde también se planificaban y encomendaban actividades criminales. Allí vivía Heriberto Benítez, quien obstaculizó la labor de los fiscales cuando allanaron este lugar.

Martín Belaunde Lossio es también dueño del diario “La 1a”, cuya edición regional apoyaba habitualmente a Álvarez. Según la procuraduría anticorrupción, Belaunde Lossio es parte de la red criminal de Álvarez (“Perú 21”, 14/5/14).

El asunto es que Martín Belaunde Lossio fue tesorero y jefe de campaña de Ollanta Humala en el 2006 (El Comercio 16/5714). Su pareja (o ex pareja) y madre de su hijo es Roxana Altuna, que funge actualmente como secretaria de prensa de Nadine Heredia. Altuna fue una de las personas que hace tres semanas intentaron presionar a la revista Cosas para mutilar la entrevista a Heredia.

Como ha informado el diario “Correo”, Belaunde Lossio constituyó la empresa Todo Graph en agosto del 2006, junto con Jorge Chang Soto. Este se convirtió poco después en el personero legal del Partido Nacionalista. El que reemplazó a Chang como gerente general de la empresa, en noviembre del 2006, es  Ilán Herrera Alarcón, hermano menor de Nadine Heredia. Ilán sostiene que en ese momento Belaunde Lossio ya no tenía nada que ver con la empresa que acababa de fundar.

Según “Correo”, Ilán Heredia tenía una cuenta bancaria mancomunada con Arturo Belaunde Guzmán, padre de Martín Belaunde Lossio. En ese entonces, Arturo Belaunde Guzmán le pagó 51,480 dólares a Nadine Heredia por un estudio sobre palma aceitera, que resulta ser una de las especialidades de la hoy primera dama. También Belaunde Guzmán aportó 134,620 soles a la campaña de Ollanta Humala en el 2006.

La empresa Centros Capilares de Martín Belaunde Lossio, hizo otro contrato para pagar a Nadine Heredia 50,000 dólares, que sirvió para obtener un préstamo bancario y comprar la casa de Surco de los Humala Heredia.

Como recuerda “Correo”, Ilán Heredia,  un joven de 27 años, en el 2006 y 2007, sin profesión conocida, hizo 15 depósitos por 68,258 dólares en la cuenta de Nadine Heredia. En carta a “Correo”, Ilán Heredia señala que las investigaciones sobre el asunto fueron archivadas, como siempre ha sucedido con todas las pesquisas sobre los Humala Heredia.

En el Congreso, en marzo de este año, la Comisión de Fiscalización archivó la investigación sobre Álvarez que promovió el congresista ancashino Modesto Julca, quien fue el único que votó a favor. Diez congresistas acordaron no acusar a Álvarez.

El compañero de partido (Perú Posible) y coterráneo de Julca, el congresista Víctor Crisólogo es otro de los defensores de Álvarez y tiene negocios con él en Ancash.

En la Fiscalía de la Nación, según han expuesto los periodistas Ricardo Uceda en “La República” y Rodrigo Cruz Arana en “El Comercio”, Álvarez tuvo la ayuda del anterior y del actual Fiscal de la nación, José Peláez Bardales y Carlos Ramos Heredia.

Rodolfo Orellana, investigado por lavado de activos y tráfico de terrenos, sería otro de los vinculados según la procuraduría. Heriberto Benítez trabajó para Orellana, junto con el coronel (R) Benedicto Jiménez.

Policías y periodistas de Ancash han estado durante años en la nómina de la red de corrupción.

Toda esa extensa telaraña explica por qué, a pesar de las muchas denuncias contra CésarÁlvarez, formuladas desde hace varios años, jamás fueron acogidas por ninguna autoridad.

 

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