EX POST


 

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Viene de la locución latina ex post facto, o posterior al fecho. Es decir “a posteriori” o después de.

Eso es lo que sucede en el Perú; las cosas se hacen después de lo que debieran y se trata de “arreglar”, “parchar” o “componer”. En castellano antiguo “desfacer”.

El asesinato del señor Nolasco tuvo muchos antecedentes y los hilos parecen conducir a un solo punto, sin embargo el congreso (cada vez más en minúsculas), avisado por él mismo, en vez de averiguar, decidió “cerrar el expediente”, no atender el reclamo y aquí no pasó nada.

Ahora los fiscales (algunos), la policía y las autoridades competentes, lamentan no haber actuado antes. Todos lamentan y Nolasco es hasta ahora el último de una cadena de cadáveres que no importaron nada en su momento pero hoy pueden ser noticia.

Los mineros ilegales, donde se mezclan desavisadas gentes, delincuentes y aprovechadores profesionales, vienen siendo un problema que se dejó crecer y ahora que revienta con paros y marchas, es cuando se invoca el “diálogo”. Ex post: el daño ya está hecho.

Así sucede en todo. Nos acordamos cuando ya no hay remedio. Los “yo hubiera”, debíamos”, “ahora sí”  revolotean como moscas ociosas, pero nadie hace nada. Se habla de investigar y se archiva, se habla de imponer penas y se indulta, se habla de juzgar y se arregla debajo de la mesa. Y después nos quejamos mientras la prensa produce titulares y la TV  “especiales”.

Somos un Perú ex. Es decir, un país que no es.