El último adiós…


cruzdelsur

Tormenta 012-001

Foto by Cruz del Sur

Hoy después de mucho tiempo vuelvo a escribir. Busqué  palabras en los libros, en otros blogs de amigos y amigas, busqué  la poesía que así como una flor le daría belleza a esta despedida.

Pero las palabras de despedida están en mi corazón y en mi alma y hoy quizás pueda escribirlas después de caminar un tiempo en soledad y sin su compañía.

Él se fue una mañana donde el cielo brillaba con nubes gigantes que parecían dibujadas por las manos de Dios, nubes magnas, nubes diferentes a las de cualquier otro día.

Antes de partir mi padre me estaba esperando, miles de kilómetros nos separaban, pero él sabía que yo llegaría para abrazarlo y darle el último adiós…

El dolor se funde en mis recuerdos y desando mis pasos en el tiempo, un tiempo que no volverá, un pasado nutrido de enseñanzas, de amor…

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DESAFINADO


NOTAS

Una de mis quimeras ha sido siempre la de ser músico, pero la naturaleza no me dio condiciones y en realidad siempre he sido escucha y no ejecutor.

De niño oía a Beethoven y a Chopin, que mi madre ponía en el tocadiscos (un “Garrard”, que estaba en un mueble con puertas y que se deslizaba sobre dos rieles para “sacarlo”). Sin embargo por eses azares de la vida, a pesar de ser un escucha asiduo, desafinaba al tratar de cantar. Lo descubrí de pequeño, cuando en el colegio me pidieron discretamente que no cantara el himno, porque cantaba muy fuerte y desafinaba en tal forma que contagiaba: “desoreja al colegio” le dijeron a una primero sorprendida y después resignada María Antonieta (ella era mi madre, pues). A temprana edad aprendí a “cantar en silencio” moviendo la boca sin emitir sonidos que pudieran descarriar  del camino canoro a los demás del grupo.

Sin embargo, yo seguí escuchando y soñando con que algún día mi voz se “compondría” y mi desorejamiento daría paso al canto. No fue así –tenía voz de barítono pero desentonado- y nunca pude cantar “decentemente”, ni aspirar por supuesto al coro en el “colegio grande”.

La música, que no puedo tocar, me siguió acompañando; tuve un romance con el jazz que dura hasta ahora (incluso llegué a tener –audaz yo- un programa de radio hace un montón de años) y en realidad lo único que no me gusta mucho es el rap (que pienso sólo es ritmo), la “música concreta” y algunas cosas raras del heavy metal. Después, me considero omnívoro en cuestión musical (como si esta se pudiese comer): escucho casi todo lo que suponga música y esta me ha llevado siempre a nuevas y gratas amistades. No canto como mi compañero Ernesto- “Chito”- Palacio que es tenor de ópera, ni toco la guitarra tan bien como Lucho Peirano ni el piano como Marcial Rubio; no hago nada de ello, pero me enriquece ser amigo de gente tan talentosa y dispar como Alejandro Bianchi, el “mono” Landavere, Ceci Bello, Carlos Alonso y tantos otros más que han llenado de música y alegría mi vida y a los que por supuesto pido que me perdonen omisiones seguras.

Ser músico, esta quimera mía, la subsanó en algo el escucha: “Si no puedo tocar, al menos oiré” y eso vengo haciendo y eso haré mientras pueda.

¡Nunca un “desafinado” tuvo tanto entusiasmo!