LOS GORDOS


 

Las empresas, como las personas, engordan.

Lo que sucede es que no conozco ninguna empresa que se haya puesto a dieta para reducirse y bajar el peso que ganó.

No es que esté mal que las empresas crezcan, pero hacerlo a costa de otros y, usando una palabra que está de moda, “concentrar”,  las convierte de empresas en ogresas, que como sabemos, son las esposas de los ogros.

Esto no trae nada bueno. Si en hombres y mujeres se llama obesidad (que es una enfermedad en sí), la obesidad empresarial, las ogresas gordísimas, son causantes de desgracias de peso en todo el mundo.

BOTERO

Ahora, en el Perú, según análisis y proyecciones, el microcrédito cuenta con un participante que por tamaño está engordando más allá de lo prudente. ¡Ojo! No es que esté en contra del crecimiento empresarial, repito (nadie en su sano juicio podría ser contrario), pero no puede ser que eso signifique que este crecimiento vaya a suponer que quienes más necesitan (los “micro” o sea chicos) tengan que ver crecer lo que pagaban por el mismo dinero que antes se prestaban. Se me dirá que es el “progreso”; ¡qué curioso que progresen unos a costa de los otros! Seguro ese es el tan mentado “costo social”.

Muchas veces se ve al mundo empresarial como algo aislado y que en el fondo (cuando se trata de billetes verdes) su papel es financiero y no social; sin embargo las empresas son parte del tejido de cualquier sociedad.

No me parece justo que aquello que se ideó para el progreso de todos se convierta en lucro de unos pocos.

No me parece justo que muchos paguen más de lo que antes pagaban porque la fuente de los préstamos creció y las alternativas imitan al “patrón”.

No me parece sano este engorde, esta concentración.

Pagan los platos rotos los de siempre y el razonamiento será “Pero pagan, no importa que subamos. Es que nos necesitan.

El suelo… ¿está parejo?

 

ILUSTRACIÓN: Cuadro de F. Botero.