HUMILDE Y NECESARIO


CLIP

Acabo de tomar un clip de la cajita que tengo sobre el escritorio, para unir un manojo de papeles de similar origen y así tenerlos juntos y guardarlos para su ulterior uso.

El clip, un alambrito niquelado, que ofrece la utilidad humilde de quien es necesario resulta ser hermano de otros muchos clips que guarda la cajita y que esperan ser útiles –y son- de una y mil maneras.

Tal vez no encuentro un mejor ejemplo de humildad, ni tampoco de necesario y útil. Despreciamos al clip por ser común y lo vestimos con colores y formas; le ponemos muñequitos, letreros y cuando el alambrito simple falta, reconocemos su gran utilidad.

Miles de millones de clips pueblan el mundo y están en todas partes sujetando esperanzas, agrupando recibos y uniendo escritos varios.

Sobre el clip nos ilustra Wikipedia (para no buscar mucho), que dice así: “Algunos historiadores creen que los bizantinos fueron los primeros en utilizar el clip, que estaba hecho de bronce. Sin embargo eran caros de producir y sólo se usaban para unir documentos imperiales.

La primera patente para algo similar a un clip fue concedida al estadounidense Paul Vaaler en 1867. Fue diseñado para sujetar etiquetas en textiles, pero también fue comercializado como clip. En 1877 su compatriota Samuel B. Fay patentó el primer objeto explícitamente diseñado para sujetar papeles, similar a los modelos actuales. En 1898 aparece la primera patente estadounidense para el clip.

En 1899, el noruego Johann Valer  solicitó la patente de clips de diversas formas, alguna muy parecida al clip actual. Por esto, algunos autores señalan a Noruega como la cuna del clip. Ese mismo año, el estadounidense William Middlebrook presenta la patente para una máquina destinada a fabricar clips; el dibujo del clip es muy similar a la forma usual actual.

Los primeros clips hechos de alambre nunca fueron patentados, pero sin duda fueron producidos por la compañía británica The Gem Manufacturing Company en la década de 1890. De ahí el nombre de «Gem clip» que aparece en algunos escritos.

Hay mucha literatura sobre algo tan humilde, sencillo y útil. Esto que aquí escribo es como un clip: uno entre millones y no aspira a ser literatura ni anda disfrazado de gran descubrimiento. Sucede simplemente que cuando en el colegio queríamos unir las hojas de un examen, doblábamos la esquina superior izquierda, rompíamos un pedacito y lo doblábamos todo nuevamente: ¡listo! ¿No sería mejor haber tenido un clip?

 

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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