LOS MAGOS DEL TRAPO


gifs-animados-lustrabotas-772187

Así se llamaba un puesto de lustrada de calzado, donde los operarios eran verdaderos artistas de la escobilla, el betún y el trapo para sacar brillo.

El nombre se popularizó y surgieron muchos que así se decían. Pero los verdaderos “magos” eran los originales, que ahora se me escapa dónde estaban.

Recordaba esto mientras lustraba mis zapatos, cosa que hago desde siempre,  con algunos intervalos supongo yo que de comodidad, flojera  o vanidad.

Recuerdo mis zapatos negros bien brillantes con suela “Neolite” que llevaba orgulloso al colegio cuando estaba en kindergarten. El brillo era, por supuesto, obra de mi mamá.

Sin embargo creo que desde esa época aprendí que unos zapatos sucios eran signo de dejadez y descuido. Tal vez por eso siempre me preocupé por tener las “tabas” limpiecitas y recurrí muchas veces a esos conversadores lustradores que en algunos casos se convirtieron en costumbre.  A partir de tercero de media, en La Colmena, iba a un puesto de los llamados “lustrabotas” (término que supongo se quedó del pasado), donde cada mañana de lunes a sábado, era cliente fiel. Como tercero lo repetí, estuve un año más de “casero”.

De entonces recuerdo unos zapatos negros, con hebilla, que me gustaron tanto, que en la siguiente compra… ¡repetí! ¡Cuánto habré caminado por el centro de Lima….!

Era una época en que los puestos para lustrada estaban a la vuelta de la esquina y hasta en ciertas peluquerías te daban el servicio.

Entre los años 60 y70, si la memoria no me falla, fue un “boom” la zapatería “Vallejo” que hacía el calzado a medida y también se podía elegir alguno de los que tenían a la vista; eran unos zapatos muy cómodos y el cuero lo suficientemente bueno como para que un “mago del trapo”, aunque no fuera el “verídico” los dejara chillando, como espejos.

Cada artista de la lustrada tiene su técnica “especial” y sus secretos para sacar más brillo, pero lo primero es quitar el polvo a los zapatos y luego, con la mano, untar betún. Después será escobilla y trapo, un poco de betún; más trapo y escobilla. Unas gotas de líquido (algunos decían que eran gotas de limón), otro trapo para lograr un brillo extraordinario  y… ¡voilá! Unos buenos quince o veinte minutos pasaron mientras la cháchara fue y vino, se hojeó una revista o se vieron noticias en un diario que no fuera “El Comercio” (porque es muy grande y desplegarlo causa incomodidad al vecino).

Lustrada de zapatos: una acción de limpieza se vuelve ceremonia y esta se suele repetir como un rito pagano que se ofrece al dios de los caminos…

Alguien opinará que esto es algo “fetichista” y de repente lo es; pero yo siempre he sentido alegría al tener los zapatos bien lustrados (será por eso que nunca me pondría zapatillas de tela o de cuero que es mate).

Regreso a mi tema, a los “magos del trapo”, esos que llevan con orgullo su oficio, los que se ponen a tus pies, conversan y con esfuerzo que ni siquiera notas, le dan a tu calzado nueva vida con betún trapo y escobilla.

Hoy día al lustrar mis zapatos me he sentido un poco mago; un aprendiz de mago simplemente…

 

 

 

Anuncios

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

2 comentarios sobre “LOS MAGOS DEL TRAPO”

  1. Mi papá también se hacia sus zapatos en Vallejo. Ahora le voy a contar y seguro que hasta tiene algún modelo guardado. Creo que son parte de esa época en que las cosas duraban muchos años.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s