HUDSON


 

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No es el río norteamericano, sino la marca del automóvil que Manuel Oliva, el cuñado de Lucho tenía, cuando éramos chicos y al cual recuerdo como un vehículo grande y el único que yo conocí que en el amplio asiento trasero, a los extremos, uno se podía sentar de costado y mirando por la ventana lateral. Era una novedad y siempre quedará en mi memoria el Hudson blanco/crema, que iba y venía de Ica, donde Manuel tenía una desmotadora de algodón y vivía.

Manuel también corría carros y es como si fuera hoy, que Lucho me contaba que su cuñado había perdido la carrera porque se detuvo para dar auxilio mecánico a un competidor…

Es curioso, pero la marca del vehículo saltó automáticamente hoy y vino el ovillo de recuerdos. La marca fue la punta y al tirar de ella se fueron desenrollando los días y me encontré en un Barranco que hoy ha desaparecido, con fiestas de carnaval en el Parque, bicicletas, funicular, “Juanito”, el zoológico de la laguna y sus paseos en bote los domingos. Un Barranco chiquito, que entonces nos parecía grande; Barranco, el de la ermita y el puente de madera; Barranco de bajada de baños y orquesta dominguera allí abajo, en el Establecimiento de Baños (lo pongo con mayúscula porque era singularmente hermoso).

Hudson” me trajo eso y mucho más. Me regresó a la infancia y a sus momentos más felices: a los amigos buenos, a Eduardo que se fue hace tanto tiempo, a Pedro, que vivía en la plazuela San Francisco en una casa verde y que también se fue; a Sarita A Pacho, al Club Deportivo Unión que estaba en el garaje de mi casa en la calle Ayacucho (que fundaron los hermanos de Lucho y mi hermano y se llamaba Unión Deportivo Barranco: nosotros le cambiamos el nombre para poder inscribir a otros del colegio, aunque no fueran barranquinos, porque éramos muy malos en el fútbol, la actividad principal del club).

De pronto el ovillo se ha desenvuelto de tal forma que el hilo es kilométrico y no quisiera cansar con mis recuerdos a los lectores. Un día, estoy seguro, algo me hará volver a revisarlo, desenrollando un poco. Tal vez sea el sabor de una butifarra comida en un verano de allá por los ´50s, tal vez sea el recuerdo de los chisguetes de éter (Amor de Colombia y Amor de Pierrot), o simplemente sea el añorar las mañanas ociosas, leyendo “El Chico de las Dunas” o “Mil Leguas de Viaje Submarino” tirado en una colchoneta en lo que llamábamos (y era) “la terraza de abajo”.

Un nombre es, no una, sino un millón de historias. Digamos que a veces la toda la vida pasada se encierra detrás.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

6 comentarios sobre “HUDSON”

  1. Querido Manolo: Leo con mucho deleite tus artículos. Mi tío Lucho (¿coincidencia?), hermano de mi madre, también tenía un Hudson. Pero a lo que voy es a que tus remembranzas tiradas de la punta del ovillo han dado pie a las mías, a los carnavales en La Punta, el corso, las verbenas de los viernes en el malecón (atracón de anticuchos incluido), las fiestas en el Regatas Union con Los Mulatos del Caribe, las serpentinas y los chisguetes de éter Pierrot y Colombina lanzados a las espaldas de las chicas desprevenidas… en fin. Parecen ser remembranzas que no sólo provienen de desenredar ovillos, sino que “gatillan” también recuerdos paralelos.
    Muchas gracias por escribir y, como siempre, un fuerte abrazo y todo mi cariño, con la esperanza de verte el 8-Dic.
    Cococho

    1. Mi querido Cococho:
      Las remembranzas son lo que llevamos dentro, que ha ido tejiendo nuestra vida… Bien dicen que “recordar es vivir”.
      Yo trato de que los míos sirvan de eso, de “gatillo” para que mis amigos desenreden sus propios ovillos-vida y sigan el hilo volviendo a las cosas, gentes y lugares que los fueron convirtiendo en personas.
      Gabo, en un tema que me escribió, me decía que habían experiencias “paralelas”, de él en La Punta y mías en Barranco. Tranvías y funicular, por ejemplo. De eso se trata.
      Me parece maravilloso que desenredes tu ovillo y lo escrito, pobremente, por mí, sirva. Soy muy feliz sabiendo que la vida de mis amigos es rica no sólo en días, sino en instantes vividos y recordados con una sonrisa que muchos no entenderán.
      ¡Gracias por leer siempre y comentar!
      No creo que pueda ir el 8, pero eso no quiere decir no vernos. Eso sí: tendrías que venir. Hay café esperándote siempre.
      Abrazo,
      Manolo.
      🙂

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