EL VINO DE LA AMISTAD


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¡Qué grato disfrutar de un buen vino, sobre todo si este es añejo!  He saboreado y gozado de un rato que me pareció corto y que supuso revivir, como flashes amables, momentos de la vida que creí ya olvidados.

Cuatro amigos vinieron de visita y realizaron la magia de agitar los recuerdos. No tomamos ni un trago y sin embargo compartimos el vino más exquisito que se puede encontrar: la amistad. Compartimos recuerdos y momentos, evocamos imágenes y barajamos fechas.

De pronto, el tiempo retrocedió poblándose de risas y de anécdotas y buscamos entre los pliegues de la memoria las cosas que tal vez ya habremos contado, pero siempre parece que son nuevas.

Es curioso: los calendarios cambian pero no percibimos el paso de los años porque somos los mismos que éramos entonces; cuando jugábamos al juego de ser profesionales y nos faltaba el tiempo y nos sobraban ganas.

Qué hermoso reunirnos y compartir de nuevo el vino milagroso de una amistad que sigue demostrando que es más fuerte que el viento que produce la vida que se sucede rápida y sin treguas.

¡Qué bueno es este vino que es nuestra amistad! Qué bueno que vinieran y habláramos de todo: ¡gracias por los recuerdos compañeros de viaje en J. Walter Thompson!

Mi alegría  es la misma que he tenido siempre al cruzar esa puerta de entrada que he sentido y siento como la de mi casa.

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

2 comentarios sobre “EL VINO DE LA AMISTAD”

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