BICICLETAS


Ojo

Las había para hombre y mujer (y de pronto todavía las hay). Estas últimas tenían en el marco un fierro transversal curvo que permitía que las faldas no estorbaran al montar y no había el “masculino” fierro horizontal. También existían unas redecillas que se ponían protegiendo media rueda posterior (yo las vi en las “Monark”), para que los rayos no capturaran… faldas, lo que podía provocar un desastre.

Yo tuve siempre “Hércules”, marca tradicional y popular entonces; la primera fue de color azul-celeste, la segunda negra y la tercera roja. Mis amigos tenían otras marcas como Panther”, “Higgins” y “Gloria”. El timbre manual era una campanilla que funcionaba como alarma de aviso y alegre anunciador. Los frenos que en mi primera bici estaban accionados por varillas, fueron después “de cable” y accionaban unas abrazaderas en ambas ruedas, independientemente adelante y atrás. Las “zapatas” del freno eran de caucho o jebe y se gastaban con la fricción que producían las frenadas; a veces emitían un ruido chirriante que era el aviso para el desavisado conductor, que no se había dado cuenta que frenar cada vez resultaba más duro y difícil .

Los frenos convencionales iban adosados al manillar, pero las bicicletas “Monark” frenaban por “contrapedal”, es decir, dando para atrás a los pedales que hacían avanzar la bicicleta. Eso y que todas las de esa marca (por lo menos todas las que yo conocí) eran “modelo de mujer”, con marco curvo, hacían del vehículo sueco algo muy especial.

Por supuesto que llevaban, colgada detrás del asiento, una pequeña bolsa (“maletera” decíamos), donde iban una llave para ajustar las tuercas, a veces un medidor de presión para las llantas, un trapito y aceite mineral para engrasar los ejes, “catalina” y pedales. El inflador era otro adicional que a veces las bicicletas traían desde fábrica; adosado con ganchos a uno de los fierros del marco. ¿Y el faro? Era un adicional que funcionaba con la dínamo que rozaba la rueda posterior; tenía la forma de pequeña botella, era metálica y llevaba una ruedita superior, que giraba al contacto con la llanta cuando se ponía la dínamo en función “on” (que no era sino ponerla pegada). La luz del faro subía y bajaba de intensidad según la fuerza del pedaleo y la energía que acumulaba la dínamo. Un botón reflector rojo adosado al tapabarro posterior, era el aviso de la presencia del ciclista.

A veces, una canastilla de alambre pendía adelante, del manillar: “porta paquetes” le decíamos y generalmente estaba puesta en las bicicletas también llamadas “de paseo” (o sea, las del tubo curvo, las “Monark”,  “de mujer”).

Hasta ahora en los modelos “de hombre” se suele llevar un pasajero, sentado en el tubo horizontal; incómoda y peligrosa costumbre que desde siempre propicia caídas y accidentes.

A He visto,  pisando los extremos salientes del eje posterior, a un atrevido equilibrista, agarrando por los hombros al ciclista, pasear, ufano de su “hazaña”. Otras veces el timón, recto, servía de asiento a eventual pasajero (vocación de suicidas, hoy diría).

Las de carrera o de “media carrera”, por el manillar curvo que tenían, no permitían esas piruetas: eran máquinas para correr, no para hacer ningún juego extraño.

Usar solo la rueda de atrás y avanzar así, se lograba con un tirón hacia arriba, bien fuerte, bien fuerte, del manillar: había que “tener mucho equilibrio” y esas gracias se hacían con máquinas ligeras (otra vez la de carrera y “media carrera” que no tenían tapabarros que estorbaran, aligerando de paso el peso).

¡Bicicletas! Todo un mundo que conocer, amar y disfrutar… La libertad de cabellos al viento (entonces, inconscientes, no se usaba generalmente  casco), libertad de ser libres yendo a todas partes, a los sitios extraños, tentando de bajar escaleras montado. Libertad más pequeña que la que da una moto (no lo sé, yo nunca tuve una), pero libertad que llegaba tan lejos como dieran tus piernas, pedaleando.

Mucho y bueno se ha escrito sobre las bicicletas; este mi texto quiere rendirle homenaje y recordar nostálgico a ésas mis dos ruedas.

 

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

2 comentarios en “BICICLETAS”

  1. Gracias, un excelente aporte histórico. Nosotros somos de la generación que llegó solo a la Mister, me acuerdo que se llamaba. Algo mas peruana y dispuestas a comerse el asfalto de una ciudad llena de conflictos, donde el problema no eran los baches sino los choros en cada esquina… jajaja
    Un texto que debe ser compartido por aquellos que quieran mostrar a sus hijos como era todo antes del Wiii

    1. ¡Así es! Cuando uno mira atrás, de pronto se encuentra que lo vivido es historia…
      Lo bueno es que hay recuerdos y mientras se pueda contar aunque no necesariamente sea Historia con mayúscula, se seguirá viviendo.. en la memoria.
      Para mí las Mister son posteriores a la Hércules. Definitivamente era otro mundo.
      ¡Mil gracias por leer y comentar!
      Abrazo,
      🙂

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