LAS COSAS CLARAS


linterna

En nuestra ciudad todo parece entremezclarse.

Los colores no dan un tono definido, las declaraciones se andan con rodeos para en el fondo no decir nada; “si te vi no me acuerdo”, “yo soy su hermano pero no sé nada”.

El gris, que no es blanco ni es negro es el color patrón; la garúa no es lluvia, siempre habrá una “rebaja”, los precios no son fijos, no hay veranos de veras, no existen los taxímetros; el kilo suele tener menos de los mil gramos, “nadie se va a dar cuenta”, “déjalo así nomás, hermanito, cholito” y con un “casi-casi” las cosas se consideran llenas. Parece no gustarnos lo exacto, aquello que se puede comprobar.

El mal de la ciudad es el mal de sus gentes, parece que contagia o engulle al que no piensa igual. “Esperar un momento” puede significar horas y así pasan los días y todo está en suspenso. En un compás de espera que convierte el mañana en pasado mañana y el pasado mañana en un débil “¡quizás!”.

No se resuelve nada, a todo se da “largas”, por eso cuando alguien cumple con su promesa solo es un bicho raro, alguien desadaptado que no ha entendido el ritmo y no sabe bailar.

No es buen ala costumbre llamar pan al pan y vino al vino.

Como pan pasa cualquier cosa y el vino que se ofrece sabe a ron de quemar. No sé si aprenderemos algún día, pero tal vez entonces será tarde y lo único claro de las cosas es que ya nada ni nadie nos va a poder salvar.