MOSQUITOS


mosquito

Hoy es 30 de agosto, día en que se conmemora a santa Rosa de Lima.

De chico, siempre me fascinó como contaban que se hizo amiga de los mosquitos y que no la picaban. Me parecía imposible hacerse amigo de pequeñas y aladas criaturas que bien sabía ya, no solo molestaban, sino que por su tamaño (en relación a mí, que era chiquito; imagínense un “grande) y diferencia visibles (no podían hablar entre otras cosas) no eran candidatos para buenos amigos.

Un día como hoy, mi madre me llevó hace ya muchos años, a visitar la ermita de la santa y allí entre gente fervorosa que echaba papelitos a un hueco (“pozo de los deseos”) miré la casita pequeña, las rosas y busqué con la vista a los mosquitos.

La cantidad de gente debía haberlos espantado ese día, si yo quería verlos, tendría que volver.

Es cierto: alguna vez volví. Nunca vi a los mosquitos pero me quedó su leyenda clavada como un aguijón. Cuando de chico me contaron el tema, seguro imaginé a los mismos mosquitos que Isabel Flores de Oliva vio, sin pensar en los siglos que separaban su tiempo de mi tiempo.

Ahora sé que un milagro no tiene explicaciones. Ahora sí creo que la santa tuvo amigos alados y cada vez que siento el zumbar de un mosquito, me acuerdo de la infancia, esa etapa en la que uno cree en lo que no ha visto y trata de explicarlo, para encontrar que solo tiene palabras pobres, descubriendo no es rico en milagros.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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