ALGUIEN TE CONSIDERA COMO “INFORMACIÓN”


ALGUIEN TE CONSIDERA “INFORMACIÓN”

 

pirata

Los sucesos actuales demuestran que la privacidad prácticamente se ha ido al tacho y que no solo te observa tu vecindad chismosa sino que si pones un dedo en tu computadora, siguen tus movimientos, espían los correos y aquello que creías secreto y bien guardado, sale a la luz pública. Es cierto que muchas veces colaboramos exponiéndonos, en las redes sociales, por ejemplo. Pero la historia viene desde más lejos. Thornton Wilder en su novela “Los idus de marzo” narra (en ficción, por supuesto) cómo la policía política de César interviene para encontrar las cosas que puedan afectarle. La historia está llena de “sabuesos”, de espías y de quienes rebuscan sitios no imaginados para obtener “primicias”, datos y todo lo que pueda servir “para”. El Gran Hermano de Orwell ha planeado siempre sobre los diferentes cielos. Tratar de controlarlo todo e intervenir en ello, parece ser un sueño que el hombre siempre alberga y quiere convertir en realidad.

Hace algunos meses que yo me sorprendí por un correo que me contaba que una investigación en México sobre el magnífico escritor peruano Bryce Echenique, arrojaba que había plagiado muchos escritos y luego los publicaba como artículos suyos. No era nuevo el asunto, pero quien me escribía era la persona que desarrollaba aún la investigación. Lo nuevo, para mí, es que copiaba un artículo publicado por Bryce en dos revistas de países distintos, que era en realidad un texto mío que la revista peruana “Quehacer” publicó en su edición 153, el año 2005.

Por lo que yo leí, era básicamente lo escrito en mi texto, con cambios claro, que de seguro mejoraban la redacción. Muy poco había variado, tanto que era reconocible a simple vista el texto original. Cambió el título y alguna cosa más.

Después de la sorpresa, sentí desilusión y orgullo.

Desilusión porque el autor tantas veces leído y admirado, mostraba una faceta no muy santa haciendo pasar un texto mío como suyo con pequeños retoques. Orgullo porque pensé: “lo mío no era TAN malo cuando un escritor consagrado me plagió”.

Cuento esto, porque si a alguien tan insignificante como a mí le pasa, qué será a los demás…

Sí, te espían, te siguen, van rastreando tus huellas mientras tú realizas lo que crees que es tu actividad normal. Nadie está a salvo de ojos y orejas ajenas: ni el Papa, presidentes, ministros, o cualquier ser humano. Te Rastrean, te siguen y algunos… ¡te copian!: es tremendo.

Desilusión y orgullo, dos sentimientos que nunca creí que podían ir juntos.