REGRESO CON PAISAJE VACUNO


Aquí estoy de vuelta, con una vergüenza enorme porque me hicieron notar de la tardanza. Agradezco a Henry, que además de ser el amigo de toda la vida, sufre mis escritos y se da el trabajo de escribirme preguntando por el post que debió salir ayer jueves y yo, en mi confusión de viejito despistado, programé para hoy, que es viernes. Digamos que lo que tienen en común estos dos días es que terminan en “es” (un “consuelo” bobo, pero consuelo al fin).

Ha sido una semana de descanso y tentaciones de volver a escribir. Descanso autoimpuesto para hacer eso, descansar y obtener la mayor perspectiva posible.

Tentaciones de comentar tantas cosas que seguían pasando, porque ni la vida ni sus noticias toman la más mínima vacación.

En fin, que aquí estoy de nuevo, puesto a pensar en voz alta (es una manera de llamar al contenido del blog, en vez del habitual “post”) y a compartir palabras hilvanadas.

Hay una discusión y lo vacuno se ha convertido en tópico:

en todas partes se lee, escribe y habla sobre vacas. Nos dicen que son flacas y gordas, enclenques o robustas. Las vacas ocupan el paisaje peruano y por más que hagan diferentes sucesos por llamar la atención, terminamos pensando en los mugidos, la tropilla, el ordeño y nos acompaña la música, tolón-tolón, de unas esquilas que algunos confunden con “esquilmas” (del verbo esquilmar: tú me esquilmas,  a nosotros nos esquilman, porque soy, somos soncitos),  ese deporte que a veces se practica pero que da en la práctica (siguiendo en lo vacuno) vacas flacas.

La largada la dio el Presidente y las vacas no han parado de correr desde entonces. El tema del futuro económico de nuestro país se ha convertido de pronto en preocupación que va más allá del precio de papas y lechuga hasta abarcar las minas, el turismo y los vaivenes de una Bolsa temblona.

Las vacas, desbocadas, salen en cada esquina. Los agoreros ven confirmadas sus peores predicciones, para otros la flacura no es tanta; para el de más allá, que añora los refranes, “gordura es hermosura”.

El asunto es que este símil vacuno que nuestro Perú vive, lo que tiene que hacer es despertarnos del sueño, la pasividad que tenemos y ponernos alerta. No va a ser ya tan fácil cruzar arcos triunfales de cifras victoriosas: hay que hacer buena letra, cumplir con las promesas, bajar el volumen de la música y convertir la fiesta en una reunión amable. Seamos todos el pata que maneja y no toma, porque si no en la esquina nos podemos chocar y el SOAT, de pronto, está vencido.  Imagen

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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