LAS BUENAS NOTICIAS ESTÁN… ¡HAY QUE SABERLAS VER!


Escher

Es muy común decir que no hay buenas noticias y que solo lo malo se destaca. Lo primero es falso y lo segundo tristemente cierto… a veces.

El ejemplo que tengo cercano es la derrota del seleccionado de voleibol peruano en la cancha. Si uno lo mira, sí, perdieron, pero si se ve con cuidado, ganamos todos porque su actuación devolvió algo más al orgullo peruano y servirá como ejemplo de superación y esfuerzo. Demostraron que las chicas del barrio siempre pueden seguir aspirando a la gloria.

Si se observa alrededor la magia de la existencia brota a cada pisada; esa noche trae un amanecer, hay flores, hay sonrisas, alguien nos dice gracias; nacen niños y ronronea el gato… Todas estas son las buenas noticias que la vida regala a cada paso. Sucede que nunca nos fijamos en los milagros cotidianos y esperamos que a cada instante el agua se convierta en vino como si fuera usual.

Sí, las malas noticias existen: por eso son noticia. En relación con lo bueno, son escasas. Tal vez sean portada de los diarios o abran el noticiero de TV en la noche. De lo bueno no se habla, simplemente sucede; es “de lo más normal”.

Estamos acostumbrados a mirar y no a ver: hay un acto voluntario de diferencia entre ambas palabras.  Los animales miran, el ser humano ve… ¡o debería!