¡GAS MATA ESPERANZA?


Este ha sido un veintiocho de julio movido.

Movido no por un discurso presidencial previsible y narrador de hechos, sino por protestas en las calles donde al descontento ciudadano por un accionar oscuro y repetido se han sumado otras protestas y otras voces más o menos legítimas, algunas aprovechando del tumulto para tratar de llevar agua a su molinos. Lo que empezó como una esperanza del despertar colectivo se convirtió en griterío tratado de acallar con bombas lacrimógenas.

La esperanza y los gases se encontraron. Las marchas, anunciadas pacíficas devinieron en focos de violencia. Si a un joven, que muestra su justo desencanto lo agreden, reaccionará de dos maneras: cederá en sus intentos o si la esperanza e indignación que tiene es tan real que gana a los gases, continuará en la lucha.

Me parece que con discursos y gases nunca se ha ganado una batalla; es con verdad, acciones, con mostrar transparencia, dialogando, como la gente comprende.

Hay dos palabras clave: dialogar y comprender. Ambas se resumen en una sola: esperanza.

Ni gases ni discursos tienen la fuerza suficiente para ahogarla.

 

Foto:RPP Darío Torres.Imagen