IRSE EN SILENCIO


Marcela Temple de Pérez de Cuéllar ha partido sin bulla, sin titulares que violen su descanso convirtiéndolo en espectáculo de ociosos.

Se fue en Bélgica, lejos de estas tierras, donde nació, a las que que amó y por las que hizo tanto.

Compañera callada, brilló al lado de un peruano ilustre e importante para el mundo y brilló con luz propia preocupada siempre por lograr que esta tierra, su tierra, fuera un mejor lugar. La conocí de lejos, a través de Marcela su hija, que fue mi compañera de trabajo.

Estoy seguro que su recuerdo será siempre el recuerdo bueno que se guarda de aquellos que hicieron bien lo que hicieron.

Don Javier, ahora que ella descansa, no está solo porque además de cariños familiares tiene el cariño inmenso de su Patria que acompaña sus días.Espiga

El mejor homenaje para una mujer como Marcela Temple es el agradecimiento callado por todo lo que hizo. Desde aquí, mi pequeño saludo y un “¡gracias!” muy profundo.