«PORQUE NO ENGRASO LOS EJES ME LLAMAN ABANDONAO»


“…si a mí me gusta que suenen pa qué los voy a engrasar.”

 

La letra de la canción de Atahualpa Yupanqui nos dice que muchas veces hacemos algo que a nosotros nos gusta y a los demás no. Es que vivimos “actuando para las galerías” o cuidándonos de “caer” bien, de no ser diferentes a lo que realmente somos por una insólita necesidad de “pertenecer” y vamos matando por sofoco a una personalidad que por sus peculiaridades puede ser muy rica. Nos esforzamos en parecernos a todos, en sumergirnos en la masa anónima que ve telenovelas y llora con ellas, grita gol porque otros lo gritan y está al día en farándula, porque son novedades que “hay” que conocer.

Todo aquello que puede distinguirnos, que se sale de una norma no escrita pero sí conocida, es menester hacerlo desaparecer. Seguimos las corrientes sin preguntarnos donde llevan y opinamos como lo último que leímos en diarios de 50 centavos o vimos en la televisión.

Sí, claro, después vendrá la sorpresa y las quejas porque no nos tienen en cuenta. Es que el montón importa, como montón, solo en las estadísticas, de las cuales nos hemos vuelto parte anónima. Si pensar de otro modo y expresarlo nos hacer ser lunar, bienvenidos al clan de los lunares. Esa es la mejor prueba que conservamos una identidad. No engrasamos los ejes pues nos gusta que suenen; su chirrido distinto que tal vez sea molesto para otros, acompaña la senda, NUESTRA senda. Si circulamos silenciosos de acuerdo con las calladas muchedumbres mediocres, no solo pasaremos “solapa” sino que perderemos nuestra valiosa identidad en un mar agachado y silencioso que no quiere opinar.