YO ME QUEDO CON PIERCE


 

Gata Pierce

 

PIERCE

 

Se ha desarrollado un “gato-robot”. Las noticias dicen que científicos suizos vienen trabajando en un aparato que imita fielmente los movimientos de un felino. El prototipo, de metal, pesa unos treinta kilos y corre hasta 1.4 metros por segundo, una velocidad “decente” pero que aún no alcanza lo que un “michi” normal puede lograr.

Bueno, supongo que alguna utilidad tendrá. Tal vez para cazar ratones electrónicos o ahorrar en comida. No creo que me gustaría que anduviese por casa, porque extrañaría de seguro la mirada inteligente, el deslizarse silencioso y aparecer de pronto en cualquier sitio que “Pierce”, la gata, nos regala. Este gato-robot no sé bien si se enchufa, funciona a baterías o lo activa la energía solar. Sus maullidos, grabados, nunca tendrán la oportunidad y escala que la voz de la gata (que nació con las cuerdas vocales dañadas y maúlla despacito pero con intención). No creo que conteste a las palabras con un “miaumiau” repetido y que mantenga una “conversación”. De repente aprende si le enseño, pero “Pierce” aprendió sola y parece que cada día amplía su musical vocabulario.

Ese gato-robot, ¿esperaría ansioso detrás de la puerta a que llegáramos dando la bienvenida con cabezadas, paseos y frotadas en las piernas?

Dicen que acariciar a un gato produce el placer de acariciar a un tigre (más chiquitito, claro y sin el peligro de garras grandes y colmillos inmensos); hacer cariño a este gato-robot sería como hacerlo con el “Hombre de Lata” de “El mago de Oz”. Y ese, es un cuento.

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