DESPUÉS DEL DOMINGO


Abrazo

Ayer fue el “Día del Padre”. Un domingo de abrazos, felicitaciones y celebración. Hoy uno se despierta con la nueva semana y sabe que aunque la fiesta quede atrás, la celebración de ser padre se mantiene y aunque no haya jolgorio siempre estará el cariño. Es que cada uno vive los días a su modo y manera, pero la condición de ser padre significa que cada amanecer alumbra la esperanza de esas vidas que vinieron al mundo por intermedio nuestro. Vinieron, como nosotros mismos lo hicimos algún día: sin más “consulta previa” que el cariño.

Ser padre y haber sido hijo, en mi caso, hace que hoy comprenda muchas cosas que a veces ocurren en silencio. Las miradas tienen otro significado y las palabras cobran dimensiones distintas. Ser hijo y ser padre es un trabajo que no nos enseñaron y aprendimos difícilmente a veces; siempre experimentando, midiendo hasta donde llegábamos. Aprendiendo por acierto y error. Y aquí estamos, en el día que sigue a este “Día del Padre”; estamos con la celebración que continúa: celebrando la vida que es lo mejor que ha podido ocurrir sobre la Tierra. Y eso, que no he mencionado aquí qué es ser abuelo.

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